コホーネス(胆(きも)っ玉)
COJONES
Cuando entré apresurado en la sala de espera, Wajima ya estaba tumbado encima de una dura mesa de madera. Llevaba en su rostro las marcas evidentes de haber estado recibiendo golpes brutalmente durante cerca de una hora. Sus párpados caían pesadamente, sus mejillas calientes brillaban con un negro rojizo, y la zona de alrededor de sus labios estaba hinchada y amoratada.
El hermano pequeño de Wajima, que hacía las veces de su asistente, intentaba enfriarle el rostro a base de toallas y más toallas que iba mojando en un cubo de agua. Pero dado lo tremendamente caliente que estaba, enseguida parecían ponerse tibias y Wajima, tumbado, le ordenaba con un tono agudo que se las cambiara pronto. Insultaba furiosamente a su hermano en cuanto tardaba un poco. Podría pensarse que sus palabras eran demasiado crueles para con su hermano, que se estaba desviviendo por atenderle, pero no es que estuviera furioso con él. Estaba furioso consigo mismo por su falta de energía y, realmente, se estaba "auto insultando".
Al ver mi cara, Wajima dijo con voz ronca :"perdón, perdón...". Yo no tenía derecho a que se excusara conmigo, pero comprendí perfectamente que quisiera hacerlo. Tal vez quisiera disculparse con todas las personas que habían ido a ver el combate aquel día.
Recordé haber leído en alguna parte que, en momentos como este, era mejor no hacer hablar demasiado al otro. Me callé y asentí con la mirada. Pero Wajima continuaba murmurando como si delirara.
"Son los años..., los años..., ahora he comprendido bien lo terribles que son. Esta vez si que me he enterado bien, de veras..."
Puede que ni el propio Wajima supiera muy bien que era lo que estaba diciendo.
"Lo dejo. Ya vale de dejarse llevar por la euforia..."
Pero entonces, inesperadamente, Wajima dijo con voz de haber recuperado el juicio :
Miró mi cara mientras lo decía.
"Decidme que por ser yo he conseguido llegar hasta aquí, que por ser yo he podido pelear hasta ahora, ¿no?"
Como yo seguía callado, miro a su alrededor y dijo :"Que alguien me lo diga, ¿no?". "Así es", dijo uno de los patrocinadores de Wajima que estaba al lado. "No, no es así", pensé yo al tiempo que me tragaba esas palabras que ya tenía en la misma punta de la lengua...
Lo que aquel día, el siete de junio, había tenido lugar en el Nihon Budokan, era el combate por el titulo mundial júnior del peso medio. El campeón era el nicaragúense Edi Gaso y el aspirante Koichi Wajima. Para Gaso era la primera defensa de su título. Para Wajima era un desafió en el que se apostaba el "milagro" de recuperar por tercera vez el trono.
No es que todos los espectadores que habían venido a ver el combate creyeran en ese milagro, pero tampoco era posible que en alguna parte de su corazón no albergaran la secreta esperanza de que se volviera a hacer realidad aquella victoria, solo calificable de milagrosa, de hacia año y medio. Ese "¿y si lo consiguiera de nuevo...?" era el sentimiento común que dominaba en el pabellón. Pero el milagro no se produjo por segunda vez. El combate fue algo desastroso.
El combate se había alargado tediosamente de comienzo a fin, pareciendo no ir a acabarse nunca, con un Wajima que casi no movía las piernas y un campeón, Gaso, tan torpe que era incapaz de acabar con el rápidamente.
Aunque el combate continuaba encima del ring, era tan aburrido que los ojos de los espectadores miraban una pelea que se estaba produciendo en una esquina del pabellón y, lamentablemente, esa fue la primera vez que el publico se sintió animado. La causa de la pelea era, como no podía ser de otro modo, la falta de combatividad de Wajima. Un espectador enfadado abucheo a Wajima, y otro le dijo que, si el era un autentico japonés, lo que tenia que hacer era animarlo. Cada uno de ellos desahogo su insatisfacción por el combate con el otro y, al final, empezaron a golpearse mutuamente. Los espectadores encontraban aquello más interesante que el propio combate. La bronca se fue apaciguando poco a poco, pero encima del ring continuaba desarrollándose un combate tan horripilante que daban ganas de taparse los ojos. Y por fin, en el undécimo round, el segundo Misako arrojo la toalla blanca a la lona...
輪島が横たわっている控(ひかえ)室(しつ)では、何メートルも離れていない一角(いっかく)で、記者に取り囲まれた三(み)迫(さこ)が、簡単な声明(せいめい)を発(はっ)していた。
En un rincón de la sala de espera en la que Wajima estaba tumbado, a pocos metros de distancia, Misako daba una sencilla explicación rodeado de periodistas:
"Wajima me ha estado engañando siempre. Por eso pensó que esta vez también me engañaría. Hasta yo mismo aposté por sus reservas de energía, pero al final ha resultado imposible. No me importa que piensen que al arrojar la toalla en un combate por el título mundial he arrojado la toalla a su vida en activo, porque aunque diga que quiere volver a pelear, no pienso volver a permitírselo de ningún modo."
A la sala de espera, en la que se había hecho el silencio, llegaron desde la habitación de al lado voces de hombres que discutían. Esta vez, uno de los que se habían peleado en el pabellón y otro que se había metido por medio a poner paz, se zarandeaban entre si:
"Hazlo por mi..."
"¡Que no! ¡Si lo dejara quedaría en ridículo!"
"Te digo que me dejes poner paz en esto. Haz el favor, venga..."
"¡Que no! ¡No puedo quedarme callado si se ríen de mi de esa forma...!"
"O sea, que si soy yo el que te lo pide, ni caso, ¿no?! ¡Será...!"
La disputa era interminable y las voces iban siendo cada vez mas altas.
Wajima escuchaba aquellos insultos mutuos tumbado. Era una escena triste. De pronto, Wajima dijo: "Quiero ver a Gaso. Traedme a Gaso, a Gaso..."
Al oírlo me entraron ganas de taparme los oídos. ¿Para que querría ver a Gaso? Que el aspirante derrotado quisiera ver al campeón ganador, felicitarlo, y todo eso, era mas absurdo que los diez toques finales de gong de aquel Joe Medel. Mas aún que lo de Joe Medel...
Joe Medel, a quien se llamaba "el Rey sin corona", era un boxeador mejicano que antaño había venido a Japón varias veces y que se había enfrentado en numerosas ocasiones a las promesas japonesas del peso gallo. Con su misterioso golpe de contra había acabado de una sola estocada con boxeadores como "Fighting Harada" o el Mitsunori Seki de sus mejores tiempos. En cierta ocasión regreso a Japón después de mas de diez años. Y no vino a hacer turismo, sino como boxeador en activo. ¿A que se debería que, aunque ya hacía mucho que tanto Mitsunori Seki como Harada se habían esfumado de los cuadriláteros, Medel continuará todavía en activo? Su "inmortalidad" me sorprendió. Puede decirse que me emocionó. Pero cuando lo vi encima del ring, me di cuenta de que aquello había sido un gran error. Su cuerpo, que antaño se diría un látigo moreno, había desaparecido. Cada vez que se movía, sus carnes fláccidas le bailaban grotescamente arriba y abajo. habían comprado su fama de antaño por dinero y ahora no pasaba de ser más que un "perro que se dejaba morder", destinado a hacer que fueran cogiendo confianza los jóvenes boxeadores que estaban en ascenso. Tras unos cuantos rounds de aburrido intercambio de golpes, Medel perdió por K.O. técnico, casi como estaba "planeado". Entonces, con los ojos llenos de lágrimas, dijo que ya se retiraba, y que quería celebrar su retiro en éste Japón que tanto le gustaba. Sus miserables, ridículos, tristes, diez últimos toques de gong, resonaron vacíos en el ring.
En las palabras de Wajima, diciendo que quería ver a Gaso y felicitarle, había el mismo resonar vacío que en aquel gong que sonó diez veces para anunciar el final de la carrera de Medel.
Wajima, tumbado, no dejaba de murmurar incesantemente: "A Gaso..., a Gaso...". Yo ya no aguantaba mas dentro de aquella sala, así que abrí sigilosamente la puerta.
Al salir del Budokan, la lluvia que había estado cayendo desde el atardecer ya había cesado. El aire era tibio, pero eso no me alegraba en absoluto. Todo era completamente distinto a aquella noche de hacia año y medio en la que el frío que cortaba la piel y, sin embargo, yo tenía todo el cuerpo ardiendo de lo excitado que estaba. ¿Dónde estaba el Wajima de aquellos días? ¿Dónde estaba la emoción de entonces?
Anduve a través de la noche sin poder dejar de sentirme triste.
Seguramente hacía ya un año y medio de aquello. No sé si un año y medio es tiempo suficiente como para poder decir "hacía ya". Pero seguro que tampoco es como para poder decir que ocurriera ayer mismo.
En febrero del ano pasado tuve una experiencia que me estremeció.
A lo largo de más de un más, pude ver como Wajima, desposeido de su trono tras ser noqueado por el coreano You Che Du, aguantaba firme las críticas de los periodistas y demás personas relacionadas con el mundo del boxeo, que decían que aquel desafío no tenía sentido y que era temerario, y se impulsaba poco a poco a si mismo hacia ello. Por supuesto, yo tampoco creía que Wajima pudiera ganar.
Wajima, nacido en 1943, tenía ya para aquel entonces 32 anos, y solo dos meses después iba a celebrar su 33 cumpleaños. Había debutado a los 25 y había sido campeón del mundo a los 28. Pero tras establecer el brillante record de seis defensas consecutivas del título del que despojó al italiano Carmelo Bossi, el norteamericano Oscar Alvarado, que tenía el apodo de "shotgun", se lo quitó a él. En aquel momento debería haber terminado su vida boxística. Wajima tenia ya 31 anos, pero no se resignaba. Se entreno a escondidas, desafió a Alvarado entre las risas burlonas de la gente y, por fin, medio año después, logro recuperar el cinturón de campeón. Parecía que el record de defensas del resurgido "hombre-llama" iba a acrecentarse aún más. Pero fue derrotado por K.O. en el séptimo asalto por You Che Du, a quien se tenía por un aspirante más manejable. Esta vez si que tenía que haber terminado todo. Los comentarios de la prensa especializada y la impresión del publico en general, eran que ya había hecho bastante desde aquellos tiempos en que iba de la obra al gimnasio cuando hiciera su debut, inusitadamente tardío, peleando por primera vez a la edad de 25 anos, y que el "hombre-llama" estaba ya "quemado". Todo el mundo pensaba que el viejo guerrero de 32 anos desaparecería con los aplausos a sus espaldas. Pero Wajima dijo un claro "NO" a esa arbitraria creencia y declaró que pelearía de nuevo con You Che Du. La mayoría de los que entendían de boxeo rieron burlonamente la ocurrencia y criticaron al manager que haría factible tan temerario proyecto: Hitoshi Misako. Se preguntaban si es que con tal de dar espectáculo se había propuesto dejar lisiado a Wajima.
Sin embargo, yo tenía una impresión ligeramente distinta, pues me sentía fuertemente atraido por el hecho de que el anterior campeón, destronado no una, sino hasta dos veces, intentara a pesar de todo el desafió por tercera vez. Tal vez perdiera, pero ganar o perder no era la cuestión primordial. Sin duda el mero hecho del enfrentamiento ya era algo por si mismo. Quise ver el combate lo mas de cerca posible.
Wajima continuo fustigando su viejo cuerpo y sudando a la gota gorda en los entrenamientos. Para un boxeador, 32 anos es una edad calificable ni mas ni menos que de "senectud". Pero oyendo día a día su respirar violento y fatigoso, mi base objetiva de mero observador se fue desmoronando poco a poco: sin darme cuenta empecé a desear que ganara.
El combate fue algo fantástico. Ese día Wajima reveló por completo todas las posibilidades que albergaba ocultas en su cuerpo. Corrió por todo el ring persiguiendo sin cesar a You y, en el décimo quinto round, logro la victoria con un dramático knock-out. Ese instante me estremeció: había conseguido el cinturón de campeón por tercera vez.
Cuando en la fiesta para celebrar su victoria de aquella noche le dije: "Has subido tan alto como el cielo, ¿eh?", Wajima se rió moviendo ligeramente sus hinchadas mejillas.
Durante las semanas posteriores mi estado de animo fue de verdadera felicidad.
Nunca un desafío había sido tan celebrado. Su obstinación fue elogiada, y a Wajima lo pusieron por las nubes como "el ejemplo para la gente madura". Pero yo empecé pronto a sentirme intranquilo. Los que "suben tan alto como el cielo" tienen que bajar a la tierra en algún momento. La cuestión era como sería ese descenso. ¿Bajaría silenciosamente por si mismo? ¿O seguiría volando hasta precipitarse contra el suelo como le paso a Icaro? Pensé si no sería este el momento propicio para que se retirara. Era mejor retirarse con la gloria de ser "el hombre milagroso". Si lo hacía cuando hubiera perdido ya las alas, seria demasiado tarde...
Uno de esos días, visité el gimnasio de Misako para ver a Wajima después de mucho tiempo. Anteriormente, siempre que me había pasado por allí a ver los entrenamientos de Wajima, había sido mientras soplaba un viento frío o caía aguanieve, pero aquel día una cálida luz primaveral irradiaba ya el cartel del viejo gimnasio de Shiohama. También el rostro de Wajima, a quien hacía varias semanas que no veía, estaba resplandeciente. Hablaba alegremente sin cesar, revelando desde cosas de su época de joven hasta otras de las que raramente hablaba nunca, como su visión de las mujeres. Fue un rato muy divertido.
Al despedirme, decidí por fin decirle esas palabras que había estado dudando hasta el último momento si debía pronunciar o no. Podría decirse que la principal razón de que aquel día hubiera ido a verle estaba precisamente en que quería decírselas.
Todo ha terminado. Has ignorado las presiones externas, te has animado tu solo y has creido en ti hasta el final, consiguiendo así superarte a ti mismo de un modo admirable. Resucitaste y conseguiste llegar al trono tres veces. Ya no te queda ninguna hazaña por realizar. ¿No crees que ya es hora de dejar el boxeo? ¿No te parece que es mejor que te retires ahora que eres el campeón?
Entonces, con un semblante triste que parecía decir "¿también tú?", me dijo :
"Hace poco también me ha dicho lo mismo otro :Wajima, retírate. Entre retirarse mientras se es campeón y retirarse tras ser derrotado hay una diferencia como de la noche al día. Dice que mi vida será diferente cuando deje el boxeo, que si me retiro tras una derrota miserable toda mi gloria de hasta ahora se esfumara, que mis triunfos ya no tendrán ningún valor. Y yo me he dicho, ¿pero que estupideces dice este tío? Si he conseguido acumular algunos triunfos, ¿por que iban a esfumarse todos sólo porque a la siguiente vez pierda? ¿Es que acaso no se les llama títulos a los títulos precisamente porque son algo que queda para siempre? Por muy amarga que sea una derrota, ¿no son precisamente los triunfos anteriores a ella lo que uno nunca pierde? Yo paso de esos títulos baratos que pueden esfumarse solo por perder una vez."
Y Wajima todavía añadió más:
"No voy a dejarlo. Ciertamente, dejarlo cuando uno es campeón parece dar buena imagen, pero la verdad es que esa imagen no es nada buena: ¿Por que se retiran? ¿No será porque creen que van a perder? ¿Acaso tienen miedo a la derrota? ¿No será que son unos cobardes? Retirarse cuando el cuerpo de uno aun no está definitivamente dañado es un acto de cobardía. Los tíos a los que les preocupa su imagen son todos unos cobardes. Si uno todavía puede pelear. Entonces, ¿no es acaso su obligación seguir haciéndolo aunque pierda? ¿Lo es, no?"
No pude responderle. Estaba abrumado por su tono firme y tranquilo a la vez. En los ojos de ese Wajima que me respondía preguntándome insistente "¿lo es, no?", había una extraña energía, como si en el fondo de ellos oscilara una pálida llama.
"El miedo a perder es sólo un sentimiento de apego. Hay que pelear con dignidad y, si se pierde, pues se le entrega el cinturón de campeón al otro y ya está. ¿Acaso no es eso un signo de respeto hacia a ese nuevo hombre? La única cosa realmente importante es pelear. Pelear, y si uno ya no puede más, caer y ya está. Basta con caer tras haber intentado llegar lo mas lejos posible..."
La verdad es que entonces, profundamente impresionado por las palabras de Wajima, me deje de escuchar algo muy importante: se me paso eso de "y si uno ya no puede más, caer y ya está", y lo de "llegar lo mas lejos posible...".
A mediados de mayo, unos tres meses después de que Wajima derribara a You y recuperara el título de campeón, mientras leía el periódico, como siempre, antes de desayunar, vi que en la pagina de la programación televisiva aparecía: "8:00, combate por el título mundial júnior del peso medio, Koichi Wajima contra José Duran".
Tras vencer a You en el combate de revancha, Wajima iba a enfrentarse a Miguel Castellini. Porque el vencedor, fuera Wajima o fuera You, tenía que enfrentarse, por imposición de la WBA, al aspirante número uno del ranking oficial del peso medio júnior para el mundial, y ese no era otro que el argentino Castellini.
Castellini era un boxeador típicamente latinoamericano: pegador, con velocidad y buenos reflejos. La gente del mundo del boxeo decía que Wajima lo tenía difícil. Por eso, cuando quedo claro que sería difícil que Castellini viniera en mayo a pelear a Japón, debido a las secuelas de un accidente de trafico que había sufrido, todo el mundo pensó que Wajima era un hombre muy afortunado. Yo también fui uno de los que, al saber que el combate con Castellini no se celebraría, se sorprendió de la buena suerte de Wajima.
Así las cosas, me había olvidado por completo del combate de Wajima para la defensa del título. había oido que como sustituto de Castellini había sido elegido, al parecer, el español José Durán, pero yo ni siquiera me había preocupado de saber cuando iba a ser el combate.
De Durán, clasificado en tercer lugar del ranking mundial, se decía que era un boxeador ortodoxo de estilo europeo. Era el adversario ideal para el heterodoxo Wajima. También Carmelo Bossi, su contrincante de la primera vez que peleó por el título mundial, había sido un boxeador de la escuela ortodoxa que había ganado la medalla de plata en las Olimpiadas de Roma, pero Wajima ofuscó y hostigó al tal Bossi obteniendo una victoria fuera de lo esperado. Además, Wajima había venido acumulando mucha mas experiencia desde aquello. Era de suponer que Durán no sería más que un juguete en manos de Wajima. Sería un simple "patito" que Misako le había traido para que Wajima jugara con el. だが、デュランはカモの姿を借りた「狩人(かりゅうど)」だった。 Pero Durán resulto ser un "cazador" disfrazado de patito.
Yo creía que ganaría Wajima. Pensaba que, aunque no fuera una victoria cómoda, ganaría por una diferencia considerable. Además, a juzgar por el estilo de ambos, no parecía poder esperarse que se produjeran escenas muy escalofriantes, así que no era necesario ir a ver el combate pagando por ello varias decenas de miles de yenes. Bastaba con verlo por televisión.
Por eso, el que con el poco dinero que tenía me decidiera por fin a ir al Nichidai-Kodo de Ryogoku para ver el combate, no puede calificarse sino de auténtica casualidad. Podría decirse, usando la vieja expresión, que "me lo pedía el gusanillo". En cualquier caso, impulsado por un no se que, difícil de comprender incluso para mi, me dirigí a Ryogoku.
Pero cuando vi la cara de Wajima subido al ring, pensé que había hecho bien en ir.
Wajima estaba hasta tal punto apático que no pude evitar murmurar un "esto va a ser duro...". Era natural que su piel no brillara, ya que para dar el peso se había estado privando de alimentos y de agua, pero es que su rostro no reflejaba ni tan siquiera un poco de aquella transparente inquebrantabilidad que había mostrado justo antes de su enfrentamiento con You. Solo reflejaba extenuación. "Que peligro", pensé yo. En cualquier caso aquello no tenía pinta de ir a ser un combate a medias tintas.
Al sonar el gong del primer round, Wajima salió hacia adelante con energía, como hacía siempre, pero no tenía ni la velocidad ni los reflejos de sus anteriores combates. Por contra, Durán tenía más piernas de lo que las críticas previas al combate decían. Esquivaba admirablemente los variados ataques de Wajima con ellas y, de vez en cuando, tras dar un ligero paso atrás, atacaba por sorpresa sacando su veloz "uno-dos". Wajima le perseguía, pero Durán, con su boxeo exterior de corte europeo, lo esquivaba usando las piernas a la perfección. Wajima parecía desconcertado.
En el segundo round, Wajima acorraló a la fuerza a Duran en un rincón y, en el instante en que se disponía a disparar su gancho de izquierda, la precisa contra de Duran, un directo de derecha, se clavó como una puñalada en su rostro. Wajima cayo de espaldas. Por fin, consiguió levantarse a duras penas y colocarse en posición de boxeo a la cuenta de ocho que le efectuó el arbitro, pero su entrecejo estaba muy abierto y la sangre, de un color rojo vivo, le corría por el caballete de la nariz yendo a gotear en la blanca lona.
Este golpe dirimió el transcurso del combate. Wajima intentaba por todos los medios a su alcance acorralar a Duran, pero no conseguía atraparlo de ningún modo. Por contra, cuando Durán sacaba su gancho, metía hábilmente hasta el codo y desestabilizaba a Wajima. Wajima no se rendía: agachaba su cuerpo y se lanzaba hacia el pecho de Durán, pero entonces se llevaba una andanada de directos de éste...
Aun así, ¿por que lanzaría Wajima esos golpes tan descuidados que le estaban llevando a tragarse tantos de su contrario? No me parecía en absoluto que Durán fuera un boxeador de una fuerza tan aplastante. No es que Duran fuera fuerte, es que Wajima estaba cambiado. Por lo menos ese no era el Wajima que se había enfrentado a You. "Y si...", pensé mientras veía el combate. "¿Y si Wajima había dado ya todo lo que tenía en aquel combate de revancha solo calificable como de milagroso contra You?". Fuera quien fuera ese día su adversario, aunque no se tratara de Durán, era muy probable que el resultado hubiera sido el mismo.
En el décimotercer round, Wajima sufrió su segunda caida. Por segunda vez se levantó a la cuenta de ocho, pero ya no estaba en condiciones más que de seguir lanzando golpes al vacío por mera dignidad.
Y en el decimocuarto, cuando Durán golpeó su rostro con un directo
de derecha, Wajima se desplomó lentamente de espaldas como en una película
a cámara lenta. En el instante de la caída pareció golpearse
violentamente con la nuca en la lona, produciendo con ello un ruido fuerte y
sordo. Intento por una vez levantarse cimbreando las caderas, pero finalmente
no consiguió ponerse en pie. Era el segundo 50 del decimocuarto round.
Ese momento preciso del knock-out fue también el del final de Wajima
como boxeador. いや、そうなるはずであった。 O, mejor dicho, así debería
haber sido.
Estaba a punto de cumplirse un año desde que Wajima fuera derrotado por Durán.
No puedo decir que no hubiera ocasiones en las que no me preguntara que habría sido de Wajima una vez retirado del boxeo. Recordaba haberle oido decir que cuando se retirara le gustaría tener algún tipo de establecimiento, aunque fuera uno muy pequeño, porque a su mujer tampoco parecía disgustarle eso de trabajar de cara al público. Creo que decía algo así. Yo esperaba, si por fin el se decidía a abrir un bar o similar, pasarme sin falta por allí para contribuir a crear ambiente, pero no me llegaban noticias de que hubiera inaugurado ninguno. Hasta llegue a preocuparme inútilmente deseando que no hubiera depositado irreflexivamente su confianza en alguien que le hubiera engañado y sacado los cuartos. Porque, en cierta ocasión, un periodista de una revista de boxeo me había contado un rumor según el cual, al parecer, a Wajima le habían sacado varios millones de yenes mediante un timo. ¿Le iría realmente bien a Wajima en su "vida de después"?
Pero también ese temor se fue desvaneciendo, sin que me diera cuenta, con las ocupaciones del día a día.
Sin embargo, un día recibí de repente la inesperada llamada telefónica de un periodista de una revista a quien no conocía. Me pregunto que sentía yo al saber que estaba decidido que Koichi Wajima iba a intentar de nuevo pelear por el título mundial. Dijo que su rival sería el nicaraguense Edi Gaso. Una vez fuera de las manos de Wajima, el cinturón de campeón del mundo del peso medio júnior había ido rodando de continente en continente durante el último año: José Durán se lo había llevado de Japón a España, Miguel Castellini, recuperado de su accidente de trafico, se lo había arrebatado a este para llevárselo a Argentina, después había sido trasladado a Nicaragua, y Wajima aun decía que iba a pelear de nuevo para traérselo otra vez a Japón.
"¿También Wajima...?", murmure yo al auricular.
"Si, Wajima también", me contestó el periodista de la revista.
Unos días antes, el ex-campeón del mundo del peso ligero, "guts" Ishimatsu, acababa de anunciar que subía de categoría e iba a intentar el asalto al titulo mundial del peso welter.
"¿Qué te parece?", repitió el periodista.
Diversos pensamientos se entremezclaban en mi mente y no me creía capaz de poder resumirlo todo en uno solo. "No lo sé", conteste francamente.
"¿Por qué habrá decidido Wajima pelear de nuevo?"
¿Por que sería realmente? Tampoco yo lo sabía. Cuando fue noqueado por José Durán se suponía que era natural que se retirara. Pero precisamente ahora que estaba a punto de cumplirse un año desde que fuera completamente machacado, ¿por qué habría decidido volver?
"No lo sé"
Realmente no pude sino contestar de ese modo. Creía que había llegado a comprender en profundidad a un boxeador, pero realmente no había entendido nada. Debido a ese sentimiento de despecho, no conseguía tranquilizarme ni aún después de haber colgado el teléfono. La sencilla duda del "por qué" y la irritación del "precisamente ahora" se alternaban para ir asediándome.
Pasado un rato se me encendió de repente la bombilla y busqué el programa del combate con Durán de hacía un año. Seguramente había apuntado en el margen mis impresiones de después. En efecto, en el margen del programa, que encontré en un rincón de una caja de cartón unos cuantos minutos después, estaban las apresuradas notas que había tomado al volver a casa mientras me tomaba una copa bien entrada ya la noche.
Cuando Wajima fue ayudado a levantarse por el segundo y llevado a su rincón, yo me había acercado corriendo a él sin saber por qué. Sus ojos estaban abiertos pero desenfocados.
Sin embargo, curiosamente, su rostro no reflejaba pesar. Mas bien flotaba en él la tranquilidad de haber podido alcanzar el suicidio con decisión.
Tal vez esa derrota estaba ya latente cuando logró aquella milagrosa victoria sobre You. El perder esa noche simplemente lo había corroborado. Puede que incluso Wajima supiera ya de antemano que llevaba la derrota grabada en su cuerpo.
"No hay forma de que consiga poner tensión en mi cuerpo", se había quejado intranquilo antes del combate.
Al finalizar su combate con You, había gritado: "¡Este es el espíritu japonés!". Siempre había deseado poder gritar algún día esas palabras encima de un ring. Pero cada vez que había ganado se había reprimido de hacerlo diciéndose a si mismo que aún no era el momento de decirlas, que el combate tampoco había sido para tanto. Pero aquel día, consciente de que ese era su momento mas álgido, se había decidido por fin a gritarlas.
Sin embargo, creo que cuando por fin se decidió a gritar aquellas palabras, perdió definitivamente toda su tensión de boxeador. Ese "algún día" acabó por llegar. Ya no habría nunca más otro "algún día". En aquella victoria se vislumbraba ya la derrota, en ese vivir había también un morir.
Así es, cuando venció en aquel supremo combate con You, ya estaba derrotado. Cuando subió tan alto, ya se había precipitado a la tierra...
Pero en estas frases escritas en el margen del programa no había ni una sola observación necesaria o precisa para captar la auténtica verdad de un boxeador. ¿El suicidio con decisión? ¿Un morir en el vivir? Me entraron ganas de romperlo en mil pedazos.
Pero, aún así, ¿por qué habría decidido pelear justamente ahora...? Yo no tenía ni la menor idea.
El combate de "guts" Ishimatsu fue desastroso.
Por supuesto, Ishimatsu no tenía ninguna probabilidad de triunfo, pero seguro que nadie imaginaba que sería un combate tan horrible.
Se sabía que Sensak Muansulin era fuerte. Porque Sensak, un boxeador que albergaba oculta una fuerza sin límites, se había pasado del boxeo tailandés al internacional y obtenido el título mundial en tan solo tres combates. En su primera defensa del título gano sin despeinarse a Tetsuo Furuyama, y en la siguiente noqueo con facilidad a Miguel Velázquez en su propia casa, en un combate de revancha que tuvo lugar al haber sido descalificado este por golpe bajo en el combate anterior. Su ruda forma de pelear al estilo kick-boxer y su fuerte pegada ocultaban un salvaje misterio. Se creía que para Ishimatsu, que ni siquiera como peso ligero era en modo alguno un campeón de un nivel tan alto como para resistir la pegada de Sensak, sería aún mas imposible vencer a un contrincante una categoría de peso por encima de la suya, y máxime después de haber permanecido inactivo durante once meses. De hecho, incluso para poder pelear en la categoría superior, había tenido que adelgazar nada menos que dieciséis kilos y medio.
El dos de abril, Ishimatsu, acompañado por la canción de Katsuhiko Haita "El sombrero de paja del caminante", envuelto como siempre en una capa de viajero y portando un sombrero de paja, subió al ring del Kokugikan de Kuramae. Su cara con bigote, como siempre demacrada y pálida, daba idea, también como de costumbre, de lo que había tenido que sufrir para poder dar el peso. "Guts" Ishimatsu se llamaba realmente Yuji Suzuki. Lo de "guts" (agallas), lo de Ishimatsu, y lo de su "derecha fantástica" no pasaban de meras fanfarronadas. Sólo lo de sus sufrimientos para poder dar el peso eran verdad. Y en su estado actual no tenía tantas ganas de pelear como para poder engañar al contrario con fanfarronadas y aguantar los sufrimientos que conlleva la perdida de peso. En Ishimatsu, que aparecía en un show de la televisión manteniendo conversaciones sin sentido con una estrella femenina, solo se veía ya a un artista que se había relajado y que había engordado feamente. Era imposible que, en tan solo poco más de un mes desde que dejara sus apariciones televisivas, hubiera podido resucitar al boxeador que llevaba dentro.
El combate fue aburrido. Ni Ishimatsu ni Sensak se iban por si mismos el uno a por el otro. Ishimatsu temía a Sensak y este intentaba recibirle con un golpe. Los golpes de Ishimatsu eran pocos y además flojos. El combate continuo lánguido y sin cambios hasta el quinto round. Pero los golpes que de vez en cuando lanzaba torpemente Sensak, acertara o no, parecían hacer temblar pesadamente a todo el entorno. Y en el sexto round, Ishimatsu, en quien los signos de cansancio se habían hecho ya mas evidentes, recibió un "upper" de izquierda en el cuerpo sacado desde tan abajo que pareció provenir de la mismísima lona. Con ese solo golpe se desplomó. Aunque se levanto una vez, en cuanto Sensak le rozo simplemente con su gancho de derecha, volvió a caer. Eso fue el fin. En el minuto y cincuenta segundos del sexto round, Ishimatsu ni siquiera intento levantarse por tercera vez.
Que Ishimatsu iba a perder era algo evidente. Entonces, ¿por que habría desafiado a Sensak a pesar de todo? ¿Era porque ansiaba esa bolsa de cuarenta mil dólares, calificada de excepcional para ser el aspirante? O era tal vez porque tenía la "obligación como artista" de colaborar para el programa conmemorativo del aniversario de la fundación de la "Televisión Asahi". Pero lo que le había movido a ello, mas que ninguna otra cosa, era la ilusión que se había hecho de si mismo. Embriagado por la fantasía del "hombre que había resurgido", concibió la ilusión de que tal vez también el pudiera hacer lo mismo. Aun así, seguro que en la dilatada historia de combates por el título mundial de Japón eran pocos los aspirantes tan horribles como el Ishimatsu de aquella noche. Aunque resultaran vencidos por igual, los veteranos intentaban sacar el mejor partido posible de su técnica como tales, y los jóvenes e inmaduros peleaban con todas sus fuerzas como inexpertos que eran, pero ambos, cayeran las veces que cayeran, siempre intentaban levantarse por todos los medios. Sin embargo, en el Ishimatsu de aquella noche no había nada que mereciera la pena ver. Temeroso y huidizo había acabado por hundirse con un solo golpe al cuerpo. Solo había expuesto en público la miseria de que aún seguía vivo.
Viendo su lamentable aspecto me puse a pensar si no merecería la pena ir a ver, con todo lujo de detalles, el combate en el que Wajima se proponía ahora enfrentarse a Gaso. El excampeón, de treinta y cuatro anos, decía que iba a pelear apostando por su cuarto trono y por su tercer resurgir. Merecía la pena ir a verlo. No, la verdad es que lo que yo quería realmente, más que ninguna otra cosa, era encontrar la respuesta a la duda de por que iba a hacerlo precisamente ahora. ¿Era por dinero? ¿Por ilusión? ¿O era por alguna otra razón absolutamente distinta? Yo quería saberlo. Al igual que en su combate contra You, iba a volver a ir a verle en este contra Gaso.
Ahora bien, seguro que entonces, en alguna parte de mi interior, había
una especie de sentimiento de confianza que me decía que, tratándose
de Wajima, por muy horrible que resultara, nunca llegaría al extremo
de lo de Ishimatsu. Wajima no se limitaría a mostrar la miseria de que
aun seguía vivo, como había hecho Ishimatsu...
Era sábado y faltaban dos semanas para el combate. Visité a Wajima en el gimnasio de Misako. había oído que últimamente Wajima no entrenaba ya en el antiguo gimnasio de Shiohama, sino en el de Ikebukuro, construido en la planta baja de un edificio nuevo de apartamentos.
Al entrar al gimnasio me encontré con un área de entrenamiento completamente nueva y de techos bajos, en la que tres o cuatro jóvenes se entrenaban haciendo "saco" y "punching-ball". Pero no se veía a Wajima por allí. Pregunte al entrenador, al que conocía, y me dijo que al parecer se había tomado el día de descanso. Añadió que, como al día siguiente era domingo, seguramente tampoco vendría a entrenar, como hacía siempre. ¿Bastaría sólo con eso, teniendo el combate tan cerca? Aquello me dejo un poco intranquilo.
Por fin, al tercer día, pude ver a Wajima entrenando. Pero sus movimientos eran más torpes de lo que yo había imaginado. Tal vez fuera porque tenía las piernas cargadas, pero llevaba las caderas caídas y se desplazaba pesadamente, haciendo ruido al andar.
Se coloco frente a un novísimo espejo, en el que no había ni el mas mínimo rastro de empavonamiento, y comenzó suavemente a hacer "sombra". Aún no había comenzado cuando se puso ya a trabajar con un sparring. Su compañero era, al igual que antes, Masahiro Misako, el sobrino de Misako, el jefe del club. Hicieron tres rounds, pero se dedicaron únicamente a moverse y a sacar manos en un combate vacío por completo de contenido. Enseguida terminó el entrenamiento con sparring y paso a los estiramientos, aunque tampoco en esto puso la más mínima intensidad. ¿Pero que estaba pasando? Allí no estaba el Koichi Wajima que yo conocía. Por lo menos no el Wajima que hacía año y medio se preparaba para el combate con You Che Du.
Aquel día, Wajima dio por finalizado su entrenamiento sólo con eso. Para ducharse subió a la tercera planta del edificio, en la que estaba la residencia donde se alojaban juntos todos los jóvenes boxeadores.
Realmente habían cambiado mucho las cosas en año y medio. El compañero de Wajima, Masahiro, se había retirado hacia medio año, a la joven edad de 24 anos, a pesar de haber conseguido ascender hasta llegar a ser aspirante al título mundial. Finalmente se había dado cuenta de que el no accedería nunca al trono mundial y había entrado en el gimnasio de su tío como entrenador. Masahiro, que se había visto obligado a "pasar a mejor vida" demasiado rápido, estaba algo gordo y su rostro reflejaba el aburrimiento. Era imposible que Wajima no hubiera cambiado nada en el último año y medio, pero yo no alcanzaba a comprender de ningún modo el porque de ese cambio tan drástico en su forma de entrenar.
Como, por mucho que le estuve esperando, Wajima no bajaba, probé a ir yo a la residencia de los boxeadores. Allí le estaba dando un masaje a Wajima un joven que se parecía mucho a él. Unos días después supe que se trataba de su hermano menor, Takanobu, que antaño también había querido ser boxeador y que iba a ser su asistente en ese combate.
esmero durante más o menos una hora, Wajima se levanto con aire fatigado. 「もう十三回目だぜ、十三回」 "Ya va la decimotercera, la decimotercera..."
Wajima lo dijo dirigiéndose a mi y con cara de estar completamente hastiado. Se refería al numero de veces que había peleado por el título. Si hubiera sido la segunda o la tercera vez, habría podido seguir hasta el combate con fuerzas y con la moral alta, pero siendo ya la decimotercera, es posible que no consiguiera mantener la tensión si no se animaba a si mismo. ¿Como se autoalentaba? Cuando se lo pregunté, se la cogió con la mano y dijo como si le preguntara en tono jocoso: "cuando uno lleva ya trece veces no hay forma de animarse ni siquiera un poco, ¿eh?". Su voz era risueña, pero al mismo tiempo encerraba un tono de verdadera tristeza.
Viéndole entrenar a lo largo de varios días, me di cuenta de que Wajima concedía muchísima importancia al hecho de reservar energías. Pero su entrenamiento era demasiado suave. Cuando le pregunté, me dijo que se entrenaba un tercio de lo que el ano pasado.
"¿Por qué?"
"Porque ya estoy viejo. Esta vez si que he podido comprobar en mis propias carnes que, cuando uno se hace mayor, lo de adelgazar se hace muy difícil."
Y luego añadió con una sonrisa amarga: "Cuando te haces mayor no hay forma de quitarte la grasa del cuerpo. Antes, solo con entrenar, la quemaba toda en un momento, pero ahora no hago mas que acumular cansancio y no consigo quitármela ni a la de tres. Por eso, si quiero adelgazar no me queda mas remedio que limitar la alimentación. No como, por eso no puedo moverme. A esto he tenido que llegar para poder adelgazar... Ahora si que se lo que es tener años." どうやら悲(ひ)惨(さん)なことになり始めているようだった。 Parecía que aquello empezaba a ser algo lamentable.
Los jóvenes boxeadores estaban preparando en su residencia un cocido a base de carne y vegetales. Wajima aproximo su cara a la olla y aspiro profundamente.
"Comed todos bien ahora que podéis", dijo, y salió rápidamente de la residencia sacudiendo la cabeza de un lado a otro como para espantar el hambre.
Un día, cuando Wajima acabó su entrenamiento, nos dirigimos juntos al hotel Keio Plaza. Wajima se alojaba el solo en una habitación doble de la trigesimocuarta planta de ese hotel. Siempre solía pasar la semana o las dos semanas anteriores a un combate en un hotel porque así, separado de su familia y completamente solo, se acorralaba a si mismo y se presionaba a tope para lograr esa máxima agudeza que tiene un animal justo antes de la lucha.
Yo tenia intención, a ser posible, de hablar tranquilamente con Wajima en su habitación. Pero cuando guiado por el puse un pie en ella, me quedé sin habla de lo devastado que estaba su interior. La cama estaba toda revuelta y encima de ella estaba esparcida su ropa interior. había varios periódicos deportivos desplegados por el suelo y cosas como la ropa, bolsas, medicamentos, frutas y demás, sembraban toda la habitación. Al otro lado de la gran ventana de cristal se expandía la oscura noche de Tokio...
Aquella habitación daba la impresión de estar aun mas desolada que el apartamento de 25 metros cuadrados de un soltero.
En esa habitación vivía un hombre de 34 anos con la única intención de obligarse a si mismo a zambullirse en la soledad.
輪島は冷蔵庫の中からグレープ・フルーツを取り出すと、食べないかと勧めてくれた。そして、彼はバナナを一本取り出し、「今日はこれ一本」と言いながら、ゆっくりと、惜しみ惜しみ食べた。
Wajima saco un pomelo del frigorífico y me pregunto si lo quería. Luego saco un plátano, dijo "hoy, uno de estos", y se puso a comérselo lenta y penosamente.
"¿Ponemos la tele?", dijo Wajima con gesto cansado.
En la tele estaba cantando, micrófono en mano, Momoe Yamaguchi: 若いと思う今年の人よ 声が違う年が違う夢が違うほくろが違う
"Me parece joven, el de este año, su voz es distinta, su edad es distinta, sus sueños son distintos, su lunar es distinto... Perdona, otra vez te estaba comparando con el del año pasado"
Esta extraña coincidencia sólo consiguió entristecernos aún mas.
Por mucho que lo pensaba no lograba comprender por que Wajima, en unas condiciones tan deplorables aun en comparación con las del año pasado, intentaba de nuevo el asalto al trono mundial.
Pero, por otra parte, a medida que iban pasando los días, la fama de Edi Gaso iba descendiendo. Hasta había quien se extrañaba de que hubiera podido vencer a Castellini. Y tras sus entrenamientos a puerta abierta esa fama se consolidó: golpes faltos de velocidad, ataques desprovistos de energía..., lo único que había que tener en cuenta de el era su gran variedad de golpes.
Los entrenamientos a puerta abierta de Wajima, como siempre, se celebraron en tono de broma para evitar que el contrario averiguara demasiado sobre él. Hizo dos rounds suavecitos con Masahiro Misako de sparring, pero se limitó a evitar sus ataques con los brazos, sacando de vez en cuando algún golpe amplio de un lado a otro en la corta distancia y, en general, haciendo un combate de entrenamiento tendente a dar la impresión de que era un boxeador que dependía de su potencia de brazos. De hecho, hubo incluso periodistas especializados en boxeo que interpretaron por ello que Wajima se había puesto extraordinariamente fuerte.
Cuando estaba en la residencia de los boxeadores tomando un masaje como de costumbre, un periodista vino a dar el aviso: "Todos dicen que esta vez Wajima esta muy bien, que parece haber dado un cambio de imagen: de estilista a duro pegador"
Al oírlo, Wajima se troncho de risa. Pero, en realidad, aquella era una risa vacía. 試合の日の朝だった。 Y llego la mañana del día del combate.
Cuando Wajima apareció por el hall del Korakuen para el pesaje iba bien vestido. Vestía jersey marrón y unos pantalones beige, llevaba bigote y el pelo perfectamente alisado. Sin embargo, nunca antes le había visto con tan mala cara. Mas que pálido tenía el rostro grisáceo.
Se dirigió a un conocido y le dio en broma un ligero golpe en el hombro, intentando mostrarse animoso, pero la gente de alrededor se dio cuenta de que su gesto era forzado. Sólo hablaba lo justo. Mejor dicho, sólo podía hablar lo justo. Cuando me acerque a él y le pregunte si había descansado bien ayer, me contesto un ambiguo "no sé...". 計(けい)量(りょう)はガソも輪島も問題がなかった。 Ni Gaso ni Wajima tuvieron problemas en el pesaje.
En el ascensor que bajaba de la sala a la planta baja Sadao Yaoe, que tenía previsto comentar el combate para la televisión, iba diciendo a todo el que se encontraba algo así como "¿por qué no vamos al hipódromo hasta que comience el combate? Podríamos pasarnos por Oi y, cuando acaben las carreras, comemos y luego nos vamos al Budokan..."
Todos se rieron y nadie lo tomo en serio. Cuando Yaoe se despidió, le dijo a Wajima su típica frase en estos casos: "Bueno, pues animo eh". Y luego añadió: "Y bien, ¿vamos al hipódromo o que?" 輪島は軽く手を上げただけだった。 Wajima se limitó a levantar ligeramente la mano para decirle adiós.
En el asiento del conductor del coche que estaba aparcado a un lado de la calle se encontraba Takanobu, el hermano menor de Wajima. Estábamos hablando cuando llego Misako. Miró al cielo. Estaba cubierto de nubes de un pesado color plomizo.
"¿Lloverá...? A ver si se va a poner el tiempo bochornoso". Su tono era el de las palabras de mal agúero. Wajima subió al coche junto con Misako. Parecía resultarle penoso hasta articular palabra: 「今日は昼、どこで食べるの」 "¿Donde comes este mediodía?"
"Aún no lo he decidido"
"Bueno, pues hasta luego"
"Hasta luego", dijo Wajima dentro del coche alzando un poco la mano tras el cristal de la ventanilla y sonriendo levemente.
El publico iba entrando poco a poco en el Budokan.
La sala de Wajima estaba abarrotada por representantes de innumerables medios de comunicación e invitados. Todo parecía ser absolutamente igual que cuando volvió a lograr el milagro en aquella pelea con You. Sin embargo, había algo ligeramente distinto.
Sentado en una silla y con los pies reposados sobre otra, Wajima se los miraba fijamente con la cabeza baja. Al cabo de un rato se levantó y se puso a mover suavemente el cuerpo. Empezó a hacer un poco de "sombra" el solo, lentamente. Al otro lado de la ventana de cristal estaba todo oscuro. La figura de Wajima dentro de aquella sala tan iluminada se reflejaba nitidamente en el cristal. Iba lanzando uno o dos golpes mientras miraba su imagen reflejada en él. Pero, sorprendentemente, en algún momento su mirada se había apartado de ella para ir a fijarse en la negra oscuridad del otro lado.
Enseguida se puso el calzón de color blanco y morado y el albornoz. Llevaba bordado en la felpa de color morado un pájaro de fuego, un pájaro que surgía de entre las llamas. Puede que simbolizara al ave fénix, el pájaro inmortal que siempre resurge de sus cenizas.
Misako, como siempre, le dijo: "Venga, vamos allá".
En la entrada al pabellón se oía la voz del publico que gritaba "¡Wajima!". Por un instante Wajima pareció titubear.
Gaso llevaba un calzón blanco y rojo.
El arbitro, tras reunir a los dos boxeadores en el centro del ring y hacerles unas cuantas advertencias, sólo les dijo al final una corta frase: "¡Buena suerte!"
Pero para Wajima ese fue todo el combate. Porque durante los once rounds que
se sucedieron después, hasta que fue arrojada la toalla blanca, no hizo
sino vagar tambaleándose por toda la lona.
Cierta noche de septiembre, unos tres meses después de que Wajima saboreara la derrota mas lamentable de toda su vida, visité el gimnasio de Misako en Ikebukuro. Había quedado allí con Wajima. La finalidad era salir a beber los dos juntos.
Por fin, hasta el propio Wajima había hecho publico su retiro como boxeador en activo. Por supuesto, eso no quiere decir que hasta hoy no hubiéramos bebido nunca juntos mientras el estaba aún en activo, pero ahora que se había retirado podría sin duda beber de una forma más libre. Me apetecía beber una vez con este nuevo Wajima. ¿Que vida llevaría ahora tras su retiro? Tal vez no habría podido aún comenzar esa nueva vida. Llamé por teléfono con cierta inquietud y la inesperada respuesta que obtuve fue que ya estaba trabajando a razón de cuatro días por semana como entrenador de los jóvenes boxeadores del gimnasio de Misako. Reconfortado, elegí el gimnasio como lugar para reunirnos y quedamos en ir luego a beber a algún sitio desde allí.
Cuando me asomé desde el recibidor, Wajima estaba en el gimnasio, desnudo el también de cintura para arriba, explicándole a un joven boxeador la forma de lanzar el "upper". Con todo el cuerpo brillante por el sudor, le cogía de las manos e intentaba con interés hacerle comprender sus explicaciones.
"¿Me esperas un momento ahí? Un poco más y ya hemos terminado", dijo mirándome a la cara y señalando el sofá de la oficina.
Tras ello, siguió ejerciendo de entrenador durante un rato. De entrenador de aquel joven que no parecía tener ninguna aptitud para el boxeo, pero al que Wajima enseñaba con calma y tenacidad. A veces el tono de su voz se enrudecía, pero puede decirse que su forma de enseñar resultaba bastante minuciosa.
Una hora después salimos a beber en su coche, conducido por el mismo.
"Tengo un amigo que tiene un bar. últimamente voy a menudo por allí. ¿Te parece bien si vamos?", dijo Wajima. Pensaba haber sido yo el que le llevara a el a algún sitio, pero tampoco me preocupaba especialmente el tema. No puede decirse que no sintiera curiosidad por ir a ver que clase de bar era ese al que solía ir el tras haber perdido su trono de campeón.
Nuestro coche salió de Ikebukuro en dirección a Ueno. Parecía que las aglomeraciones de la hora punta del atardecer aun perduraban, porque la carretera estaba atestada y no avanzábamos casi nada. Quizá fuera por eso, pero cuando estábamos en el coche le lancé, sin darme cuenta, la pregunta que pensaba hacerle cuando estuviéramos bebiendo. O tal vez no fuera por la aglomeración de coches que había, sino debido a que no conseguía quitarme aquella duda de la cabeza de ninguna manera.
―なぜあのような無(む)惨(ざん)な試合をしなければならなかったのか...。
- ¿Por qué tuviste que hacer aquel combate tan horrible...?
Eso era lo único que quería preguntarle. Cuanto más perduraba en mi la emoción del momento en que había vencido a You Che Du, menos comprendía la vacuidad de su combate con Gaso.
"¿Cuándo decidiste que pelearías con Gaso?"
"En mayo"
Entonces, lo había decidido justo antes del combate. ¿Es que habría estado dudándolo justo hasta entonces?
"No hombre, me refiero a mayo del año pasado"
Estuve a punto de soltar un grito de sorpresa. ¿Pero no era en mayo del año pasado cuando, tras haber sido noqueado por Durán, estaba que no podía ni comer y gimiendo por el dolor?
"Así es. Cuando me encontraba postrado en el hospital como un muerto al que habían llevado a cuestas hasta allí, juré que aún haría un combate más."
Le miré a la cara mientras conducía. No era cara de estar mintiendo ni hablando en broma. Intenté recordar aquel momento en que lo vi, poco después de salir derrotado de su combate con Durán.
Aquel día, Wajima había llegado con algo de retraso a la hora de la cita y entró en el establecimiento vistiendo ropa de golf, porque dijo haber estado practicándolo justo hasta entonces. Pero, aunque no parecía que conducir el coche hasta allí le hubiera resultado tan duro, su rostro reflejaba esa distensión que le queda a uno después de haberse cansado hasta la extenuación.
Cuando le pregunté: "¿Qué tal te fue después del combate?", Wajima se rió como frunciendo los labios de su desdentada boca.
"Bueno, fue bastante duro. Tuve que pasar un mes entero acostado."
según un articulo de un diario deportivo, había salido del hospital Nichidai unos días después de haber ingresado en él. Pero la verdad es que yo ni siquiera imaginaba que le hubieran quedado tantas secuelas...
"Tras cuatro días conseguí salir del hospital. No es que saliera de allí felizmente, porque para conseguirlo tuve que hacerlo a la fuerza, peleándome antes con el médico. Estaba absolutamente hecho polvo. Durante los cuatro días que estuve en el hospital estuve siempre acostado. No podía ni levantarme para ir al baño. Por más que intentaba comer algo, no conseguía que me entrara nada. No tenía ni fuerzas para eso. Conseguí mantenerme con vida sólo a base de llevar siempre el gotero puesto. Entonces pensé que si seguía así me echaría a perder, que de seguir así, todo se echaría a perder. Quería volver a casa, porque sabía que en casa no podría sobrevivir si no comía algo fuera como fuera. Así no tendría más remedio que hacer entrar en mi algún alimento, aunque para ello tuviera que engañar a ese esófago mío que no me respondía. Sabía que, como en casa no tenía ni gotero ni cosas de esas, si fracasaba en el intento era posible que me jugara la vida, pero pensé que si no me metía en ese atolladero ya no habría nada que hacer conmigo. Cuando dije que me iba a casa, el médico se enfado extraordinariamente. Decía que era imposible que volviera a casa en esas condiciones. Yo también me enfade, pues quería volver a casa precisamente porque estaba en unas condiciones en las que sabía que era imposible hacerlo. Porque lo decidí consciente de que con ello estaba afrontando el combate mas importante de toda mi vida. En el estaba en juego lo mas importante para mi. Me dejaron volver a la fuerza. Y entonces supe por primera vez que también existen taxis que son como los coches-cama"
Llegado a ese punto, Wajima tomo por fin aliento y se rió en voz alta. Me mostró, parodiándolo en plan cómico, como lo trasladaron en camilla a un taxi que tenía un dispositivo para poder viajar acostado.
"Parece que al final hice bien. Como si seguía sin comer me iba a morir seguro, tragaba tumbado y con todo mi esfuerzo lo que mi esposa me vertía desde su boca. Le decía que me diera pescado, arroz... Me parece que ella lo masticaba una vez y me lo pasaba a mi. Como no podía ponerme en pie, tampoco podía ir al lavabo. Era como si me lo fuera a hacer encima. Tampoco podía bañarme, así que me lavaban el cuerpo tumbado en la cama. Así me pase acostado veintitrés días, sin levantarme para nada. Al llegar la medianoche, con el dolor, se me dormía todo el cuerpo y no podía respirar, así que con mis gritos de lamento despertaba a mi esposa, ella me masajeaba con fuerza todo el cuerpo y de ese modo conseguía por fin volver a respirar."
Hablaba adornando su explicación con bromas, pero se veía que aquello debía de haber sido una batalla espectacular.
"Por fin, al vigésimocuarto día, pude probar a levantarme. Pero ello no quiere decir que ya pudiera andar. Incluso mis niños me vieron gateando como un bebe y se rieron de mi. A base de ir marcando el compás a gritos de "venga, venga" y de ir apoyándome por las paredes, conseguí poder trasladarme un poco de un sitio a otro"
Después dijo que así era como había conseguido por fin salir de casa al cuarto día desde que empezara a practicar.
"Conseguí salir, sí, pero no se si porque había estado acostado todo un mes o por que razón, el caso es que se me había olvidado por completo como se andaba. Los humanos somos increíbles. ¡Se me había olvidado andar! Como no tenía otro remedio, me puse a practicar dándome a mi mismo voces de mando en plan "un, dos, tres, cuatro" al tiempo que avanzaba cada vez un pie, el izquierdo, el derecho, el izquierdo, el derecho..."
Algo había notado yo también en su andar cuando Wajima entró aquel día en ese establecimiento. Llevaba las caderas muy caídas y sus pies iban por delante haciendo un ruido pesado al andar. Pero ni siquiera se me ocurrió pensar que fuera debido a las secuelas del combate. Wajima dijo que últimamente había conseguido por fin andar de un modo normal, pero la verdad es que no podía decirse en modo alguno que aquella manera suya de andar fuera "normal".
"Mi mujer se preocupó mucho y me dijo que si volvía a boxear se divorciaba de mi. Dijo que esta vez si que se separaría de veras y me amenazo con que si nos separábamos ella obtendría la custodia de los chicos y yo me quedaría completamente solo"
Wajima lo dijo avergonzado, pero cuando soltó lo de "completamente solo", su mirada se torno seria de repente. Entonces, como si se aconsejara a si mismo, murmuro: 「もういろんなところがイカレてるからな、これ以上やるとポンコツになっちゃうかもしれないな」 "Ya tengo bastantes piezas dañadas, si sigo adelante puede que no acabe siendo más que un viejo cacharro estropeado"
Cuando le oí murmurar eso, comprendí que Koichi Wajima había acabado por fin como boxeador. Pero lo cierto es que en ningún momento había pronunciado la palabra "retirarse", ni siquiera una vez...
"Si..., no tenía ninguna intención de retirarme", dijo Wajima con tono calmado mientras giraba el volante con una mano.
"Por eso salí del hospital al cuarto día. El que pensara que si seguía en el hospital me echaría a perder, no fue porque mi vida estuviera en peligro. Si hubiera sido sólo por eso, habría sido más seguro que me quedara en el hospital. Lo que temía que se echara a perder era mi cuerpo de boxeador. Si seguía con el gotero puesto mi cuerpo de boxeador se extinguiría sin remedio. Tenía que comer algo, pero el cuerpo no me toleraba nada, así que me empuje a mi mismo hasta el borde de mi vida, consciente de que tenía que comer algo fuera como fuera. Finalmente me alegro de haberlo hecho. El que me recuperara hasta el punto de poder andar al cabo de un mes, fue gracias a que decidí volver a casa."
Yo estaba completamente cautivado por la narración de Wajima.
"Aunque no tenia ningún defecto físico, no podía hacer nada. Tan solo mover los ojos y la boca. Comprendí que así era como la gente se iba convirtiendo en un vegetal. Pero yo tenía que pelear una vez más. Me di cuenta de que, si no lo hacía, me estaría arrepintiendo el resto de mi vida. Todavía quedaba en mi interior un rescoldo encendido que me decía que aún tenía que pelear, que aún tenía que seguir golpeando."
"Pero, tu esposa..."
"Por supuesto mi mujer se opuso. Por eso, contra lo primero que tuve que pelear fue contra ella. Si no la convencía no podía hacer el combate. Pero aquello era una cuestión de vida o muerte, con lo que el enemigo, que era también de mucho cuidado, no se iba a retirar ni poco a poco ni sigilosamente. A mi esposa lo demás le daba igual, solo le preocupaba mi salud, así que mal podía yo convencerla. Probé a esperar esos momentos propicios en los que se encontraba de buen humor para decirle cosas como "¿y si lo intentara una vez más?". Entonces ella me decía secamente "¿es que ya te has olvidado de como lo pasaste la última vez, o que?". Yo me hacia el tonto diciendo "si, es verdad, tienes razón, ya me acuerdo, ya...". Con cosas como estas intenté que ella fuera aceptando mi voluntad. Porque mi mujer creía que si peleaba otra vez era seguro que me quedaría completamente lelo, que me quedaría como un zombi. Pero yo no lo veía así. Aunque me quedara tocado tampoco sería muy gravemente, ¿no? Yo creía que, como mucho, solo se me quedaría inservible una pierna o algo así."
"Creía que, aunque me quedara tocado, tampoco sería muy gravemente..." Mientras oía esas palabras de Wajima, sentí que una sensación algo fría me corría por la espalda. En su gracioso estilo narrativo flotaba esa especie de locura que tienen los luchadores. Ante esa locura, la cuestión de por que pelear no tenía prácticamente ningún sentido.
"De todos modos quería pelear una vez más. Pensé que si
no lo hacía no podría seguir viviendo"
El coche se detuvo en Ueno, al lado de un edificio próximo a la autopista. Al descender por las escaleras vino un agradable olor a pinchos de pollo asados y a callos. El establecimiento que Wajima había elegido era una "yakitoriya", un bar de pinchos en cuya puerta colgaban suspendidas unas grandes lamparillas chinas. El poder ver un aspecto de la vida estable de Wajima me tranquilizo.
Cuando entramos, se oyó a una voz vigorosa decir:"'¡Hey, Koichi, bienvenido!"
Uno de los clientes del bar era el también boxeador "Royal Kobayashi", el cual, con su blanca piel tenida de rojo por el whisky, se estaba tomando uno. Kobayashi saludo a Wajima con respeto. parecía que en aquel lugar solía reunirse gente relacionada con el boxeo. Pensando en ello miré de nuevo al dueño y me di cuenta de que también el tenia pinta de haber sido boxeador antes.
En cuanto nos sentamos a la barra, el dueño nos puso delante una botella de whisky. Un joven nos preparo hielo y agua, pero Wajima no se lo tomo ni mezclado con agua ni "on the rocks". Vertió el whisky en un vaso grande y comenzó a bebérselo tal cual, a palo seco. Después, esbozando una amarga sonrisa, dijo:
"Si no me lo pongo así de fuerte se me atonta la lengua y no me sabe a nada..."
En menos de media hora la botella ya estaba vacía, así que nos tuvieron que poner otra. A medida que los efluvios del alcohol iban haciendo su efecto, la conversación iba saltando de tema en tema, y debido a que los asiduos del bar intervenían sin cesar uno tras otro, su discurrir se vio interrumpido en muchas ocasiones. Mientras Wajima estaba conversando con otros clientes yo me había puesto a charlar con el dueño, que estaba al fondo de la barra.
En una de esas ocasiones, cuando "Royal Kobayashi", que estaba sentado cerca, se levantó para ir al servicio, comenzamos a hablar de Joe Medel. Cuando Medel volvió a Japón para pelear después de varios años, su adversario había sido "Royal Kobayashi". El tema salió cuando este se había ido al lavabo porque no era cuestión de decir a las claras delante de él cosas como que Medel había sido un "perro que se dejaba morder".
Por mucho dinero que le hubieran pagado para comprarlo, ¿por que habría venido a Japón a sabiendas de que iba a perder? Cuando manifesté mis dudas al respecto, el dueño me lo negó con tono firme.
"No, ni siquiera Medel vino con idea de perder"
Entonces, ¿quería decir que incluso Medel había tenido alguna oportunidad de ganar?
"Así es, Medel no tenía necesariamente por que perder con Kobayashi. Si en el segundo o tercer round hubiera conseguido colocar bien uno de sus golpes, no sé como habría acabado el combate"
"¿Incluso en aquel lamentable estado físico en que se encontraba?"
"Sea cual sea su estado físico, un boxeador pelea porque cree que va a ganar. Pelea porque cree ciegamente que, al menos, tendrá alguna posibilidad. A Medel le ocurrió lo mismo, el creía que ganaría"
Cuando, abrumado, me quede en silencio, el dueño murmuro algo así como:
"Así es, hasta Kobayashi, si hubiera recibido un golpe de Medel no hubiese necesitado más. Un solo golpe y ya no sé que habría pasado..."
Wajima, que estaba bromeando con el camarero, pareció oír de refilón aquellas palabras. De repente, puso el semblante muy serio y dijo:
"Es verdad, también yo tenia intención de vencer. No me enfrente a Gaso creyendo que perdería con él de aquella forma..."
Wajima continuo hablando mientras se bebía el whisky a sorbos. Era casi como si estuviera haciendo un monólogo.
"Tras permanecer durante todo un mes tumbado, por mucho que se dijera que me había recuperado no lo conseguí del todo. Tan solo me rehice en un setenta u ochenta por ciento. En primer lugar perdí reflejos. Para estudiar los golpes del contrario necesitas verlos antes, si no, ya es demasiado tarde. Tienes que haber esquivado el golpe ya en el instante mismo en que crees que te va a venir. Ese margen de error es de tan solo unas pocas milésimas de segundo. Y perder reflejos es tanto como decir que ese margen se va ampliando cada vez más, que acabas por llevar tu cabeza a las direcciones de las que provienen los golpes. He golpeado bastante las cabezas de los demás, y también he recibido lo mío. Sin embargo, nunca fue tan grave como para que me surgieran trastornos en las ondas cerebrales, porque siempre dejaba suficiente intervalo de tiempo entre combate y combate, y si no tenía mi cerebro bien despejado, no subía al ring. Pero, tras vencer a You, el intervalo de tiempo hasta el siguiente combate con Durán fue demasiado corto. Como fue la WBA la que lo fijó, no me quedó mas remedio que aceptarlo, pero me hubiera gustado poder ponerme más en forma. Por eso cuando perdí con Durán también pensé que aun era pronto, que aún tenía cosas que decir encima de un ring. Precisamente por ello, me pegué un año reajustando mi cuerpo. Me entrené para poder andar, pase a correr ligeramente y, con el tiempo, conseguí avanzar en zig-zag saltando de losa en losa del pavimento. Aguante un año así, un año entero de verdad. Convencí desesperadamente a mi esposa, mi entrenador hizo las veces de promotor para mi y, cuando por fin se decidí que podría pelear con Gaso, estaba tan entusiasmado que llegue a pensar que si ganaba iría a defender el título al extranjero o a donde hiciera falta. También por eso, cuando tenía que dejar el entrenamiento del día, porque tras entrar en el campo de entrenamiento y dar una vuelta corriendo me habían empezado a doler las piernas y no había podido continuar, pensaba "si no puedo usar las piernas pelearé solo con los brazos", y me dedicaba a golpear con fuerza el saco de arena. Confiaba sólo en superar mis malas condiciones y vencer. De hecho, cuando hicimos el entrenamiento con sparring a puertas abiertas, mi estado no era en absoluto malo. Lo que pasa es que entonces todavía no había bajado a 75 kilos. En cuanto bajé hasta dar el peso las piernas me dejaron de funcionar. Hubiera podido comprender que las piernas me dejaran de responder debido a los golpes del contrario, pero realmente fue la perdida de peso la que me las quitó. Tal vez fuera porque llegue al límite. Cuando sonó el gong y me fui para el centro del ring, los pies me sonaban pesadamente y los sentía sin fuerzas. Tampoco podía oír lo que me decían y pensé "que raro, que raro, ¿pero si aun no he recibido ni un solo golpe?". Entonces me decía a mi mismo "tranquilo, en uno o dos rounds te volverás a encontrar bien..., no, de hecho ya estoy recuperado". Pero al sonar el gong y volver a mi rincón pensaba otra vez "que raro me encuentro, que raro es esto de que las piernas me flojeen". "¿No te parece un poco raro?", le pregunté al entrenador. Entonces el no me dijo ni una sola de esas cosas superfluas tipo será por tal o por cual. Se limitó a decir "pues si, ¿eh?". Dijo sólo ese "pues si, ¿eh?" y se quedo callado. Pues si, ¿eh?, pues si, ¿eh?... "
Llegado a ese punto Wajima puso cara seria por primera vez. Repitió varias veces ese "pues si, ¿eh?", imitando el tono de voz de Misako.
"Cuando oí aquello pensé por primera vez que probablemente ya no tenia nada que hacer"
Pero, Wajima, aun con las piernas que no le respondían, consiguió pelear de todos modos hasta el undécimo round. Cuando fue derribado se levantó, pero Misako tiro por fin la toalla. Para Wajima aquella fue la primera y la última vez que se lanzo la toalla en uno de sus combates.
"Aunque después me enfade y le dije que no debía haber tirado la toalla en mi combate, puede que no hubiera otro remedio. Decían que el público también lo exigía, y cayo justo en el momento en que yo iba a caer también..."
Wajima cogió su vaso, lo apuro de un trago y poco después dijo: 「ハッピー・エンドさ...」 "Bueno, un final feliz..."
"¿Cómo?", le pregunté yo. ¿Acababa realmente de decir que aquello había sido un final feliz?
"Si, un final feliz. Aunque me muriera ahora mismo ya no me quedaría ningún resquemor. Lo cual no significa que me quiera morir ya, ¿eh?"
No había ningún tono de autocompasión en lo que decía.
"Por mucho que hubiera peleado hasta entonces, sólo podía imaginarme a mi mismo acabando mi carrera con un final como aquel. Seguir adelante hasta acabar destrozado, hecho trizas, caer cuando ya no pudiera aguantar mas y conseguir por fin así terminar una cosa. De no haber sido de ese modo, ¿como podría haberme quedado convencido?, ¿como podría haber terminado sin remordimientos...?"
Entonces ¿era eso?, murmure yo. Lo más importante para Wajima era sólo, literalmente, "seguir peleando". Seguir peleando y peleando hasta que por fin fuera derribado de tal forma que ya no pudiera levantarse y, en ese momento, por primera vez, poder "acabar" ya de pelear. Por eso siguió luchando. Peleó con You y después con Duran. Pero por mucho que lo derribaran el no creía haber "acabado" aún. Tal vez para el "acabar" fuera una palabra que debía equivaler a "graduarse". Así que cuando fue derrotado por Durán no pensó que con ello ya hubiera "acabado" y por eso decidió luchar de nuevo. Y para ello tuvo que enfrentarse primero a su esposa, luego a su entrenador y, lo mas difícil, a su propio cuerpo. Necesitó un año para poder conseguirlo.
Pero durante ese enfrentamiento de un año de duración, todo lo que quedaba de boxeador en su interior se había ido extinguiendo hasta agotarse por completo. Cuando subió al ring para enfrentarse a Gaso, Wajima era ya sólo un rescoldo. Y aún así tenía que pelear, porque lo que el temía no era acabar de un modo miserable, sino "acabar" sin luchar, "graduarse" de un modo si se quiere no tan miserable, dando buena imagen, pero sin pelear.
Este hombre era verdaderamente valiente. Lo pensé desde el fondo de mis entrañas. Sin duda alguna este hombre tenía "cojones". Se dice que "cojones", la palabra española que tanto le gustaba a Hemingway, significa órgano sexual masculino. también se dice que, metafóricamente, ha pasado a significar valor o "agallas". Pero supongo que los hombres que tienen cojones, al igual que Hemingway, no son esos que respetan sus limitaciones y siempre tienen éxito. Los hombres con cojones son, sin duda, aquellos que por muchas derrotas que sufran no dejan de pelear hasta que han sido completamente abatidos.
Wajima era un hombre con cojones, un hombre con agallas... Le pregunté que pensaba hacer a partir de ahora.
"Creo que me dedicare a formar boxeadores", dijo Wajima.
"Hay quienes me dicen a menudo que monte un gimnasio, pero yo no creo que valga para ser dueño de uno. Sin embargo, si que me gustaría probar a crear boxeadores. Tengo la impresión de que lo de formar boxeadores como entrenador es algo mas próximo a mi instinto natural."
"Me pregunto si serás capaz de forjar buenos boxeadores"
No se lo dije en broma, sino con franqueza. También el me respondió con tono franco:
"Se dice a menudo que el que ha sido buen deportista no es luego buen entrenador, ¿verdad?"
Ciertamente, esa frase no era sólo propia del mundillo del boxeo, sino también de cualquier otra especialidad deportiva.
"Pero mira, aunque yo haya llegado a campeón del mundo, no he sido para nada un buen boxeador. Siempre peleé empleando todo tipo de artimañas irregulares y usando de toda mi capacidad para boxear. Así conseguí ir ganando unas veces y perdiendo otras, pero los buenos boxeadores no hacen eso, ¿no crees?"
Mientras escuchaba las palabras de Wajima, experimenté un tipo de emoción similar a la que saboree cuando derribó a You Che Du, hacía ya tiempo. Tanto aquel Wajima, como el Wajima de ahora, eran dos navegantes que rebosaban la misma valentía. Antaño había salido a navegar en su barca por ese blanco mar que es la lona de un ring, y ahora se había puesto a remar de nuevo en el inmenso océano de la vida real...
"Yo nunca fui un buen boxeador. Precisamente por eso creo que podré forjar a buenos boxeadores"
Wajima volvió a vaciar su vaso de un trago y, con un tono lleno de orgullo, me dijo: "Yo fui un segunda fila, pero también fui un campeón que luchó siempre sin tregua hasta el final"
Como yo seguía sin poder decir nada, Wajima se rió avergonzado y me miró a la cara:
"Lo fui, ¿no?"
Yo me limité a asentir con la cabeza y alcé mi copa hasta la altura de los ojos.
終
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