夜(よ)ごと死の匂いが
CADA NOCHE, UN OLOR A MUERTE...
Podría decirse que aquella era una noche tropical. Aun entrada la noche, la temperatura continuaba siendo superior a los treinta grados. Por mucho que uno se quedara inmóvil, todo el cuerpo te sudaba. Hasta los perros, vigorosos habitualmente, se tumbaban boca abajo y jadeaban con fuerza.
El "beer garden" situado en la terraza de los céntricos grandes almacenes "M" estaba lleno de empleados y secretarias de vuelta de sus trabajos. Una de ellas era Junko Tanuma, de 25 anos de edad.
De tez blanca y alta de estatura, tal vez Junko Tanuma no resultara demasiado atractiva, pero en su redondeado cuerpo había algo que atraía a los hombres. Por supuesto, ya sabía lo que eran los hombres. Había tenido relaciones con cuatro o cinco, habiendo quedado encinta de uno de ellos y abortado al cuarto mes. Sin embargo, eso no quería decir que Junko fuera especialmente descuidada. Pensaba seriamente en el matrimonio, lo que ocurría era solo que todavía no había encontrado al hombre adecuado.
Aguantaba bien el alcohol. Esta noche había venido con cuatro colegas del trabajo y se había bebido unas cinco jarras. El que hubiera terminado emborrachándose más de la cuenta se debía a que acababa de romper con el hombre con el que había estado saliendo durante cerca de dos anos. No sé por que, pero aunque les gustaba pronto a los hombres no conseguía nunca que durara demasiado "Es esa lastima de lunar que tienes bajo el ojo", le había dicho una adivina en una ocasión. Como era muy blanca, su lunar llamaba mucho la atención. Ebria, creía haberse metido con sus nuevos compañeros de trabajo recién incorporados a la empresa. Creía, porque cuando se dio realmente cuenta, ya estaba subida en un taxi. Alguien debía de haberle hecho subir a la fuerza.
"Pare en esa esquina", dijo Junko al taxista.
Tenia alquilado, junto con su hermana menor, que era estudiante de una diplomatura universitaria, un pequeño apartamento en Yoyogi-Hachiman. Como la hermana, de 19 anos de edad, era bastante recatada, Junko pensó en dar un pequeño paseo nocturno para despejarse antes de volver a casa. Habría unos cinco o seis minutos atravesando por el parque desde donde se había bajado del taxi. Se trataba de un pequeño parque, pero pasear por el en plena noche, cuando no hay ni un alma, resultaba algo lúgubre. Espontáneamente, los pies de Junko empezaron a ir mas deprisa.
Mientras andaba, miro su reloj de pulsera a la luz de una farola. Ya eran mas de las once. Un poco más y pronto habría salido del parque. De pronto, algo pareció moverse al otro lado de unos matorrales. Junko se quedo helada.
"Allí hay algo", se dijo interiormente, y noto como la sangre le bajaba del rostro haciéndolo palidecer.
Ocurrió cuando Junko trato de salir corriendo a la vez que pensaba "hay que escapar de aquí, rápido". De entre la oscuridad de los arbustos, de repente, algo que rasgo el aire llego volando. Demasiado imprevisible como para que Junko tuviera la habilidad de esquivarlo, se clavo fulminantemente en su pecho.
La luz de los proyectores ilumino la lívida cara de Junko Tanuma, que no era ya sino un cadáver. Lo más horrible de todo era la flecha que estaba clavada en su blanca garganta. La resistente punta de acero la había atravesado y asomaba por la otra parte del cuello. Apenas había manado la sangre. El inspector Totsugawa, que vio el cadáver, pensó que tal vez la muerte habría sido instantánea. Muerte por asfixia.
"¿El arma homicida habrá sido una ballesta, no?", dijo Totsugawa dirigiéndose al detective Kamei.
"¿Al decir ballesta te refieres a un arco occidental?"
"Es un arco occidental montado como un fusil. Usa una goma muy potente, de modo que, según tengo entendido, puede matar hasta a diez metros de distancia. Lleva mira telescópica incorporada, así que hasta un niño puede apuntar y disparar con ella. Además, a diferencia de lo que ocurre con las armas de fuego, no se produce detonación al dispararla, de modo que la victima no debió de darse cuenta de nada hasta el mismo instante en que la flecha se le clavo"
"¿Y eso se vende?"
"Por veinte o treinta mil yenes cualquiera puede comprar una. Además, los arcos occidentales o los japoneses son grandes y llaman mucho la atención, pero existen ballestas que son pequeñas, así que pueden ser transportadas sin apenas llamar la atención de la gente"
"Viéndolo desde la posición en que la victima fue abatida, lo lógico es pensar que le apuntaron desde los arbustos de enfrente, ¿no?", dijo el detective Kamei andando hacia los olmos.
Como hacia varios días que no llovía, la tierra del entorno estaba seca y no se apreciaban las pisadas del criminal. No había ni siquiera una colilla de cigarrillo tirada.
"¿No hay nada, eh?", dijo el detective Kamei moviendo la cabeza como para negar. Sin embargo, su rostro no reflejaba demasiada decepción, pues ni el bolso de la victima ni el monedero que contenía habían sido robados. En el monedero había dieciséis mil yenes y el Omega de señora seguía ceñido a la muñeca. Si se trataba de un crimen pasional o por rencor, a diferencia de lo que ocurriría de ser un simple crimen callejero, el círculo de sospechosos se podía reducir.
La identidad de la víctima se supo fácilmente por la tarjeta de identidad que había en el interior de su bolso: Junko Tanuma, veinticinco anos, oficinista en una empresa constructora con sede central en Shin-bashi. Vivía junto con su hermana menor en un bloque de apartamentos situado a unos cien metros del lugar del crimen.
La policía se puso inmediatamente a investigar las relaciones de la fallecida con los hombres. Aparecieron cinco nombres de varón. Para una chica de hoy, soltera y con veinticinco anos, aquel era un número intermedio, ni muchos ni pocos. De entre los cinco, cuatro eran solteros. El quinto era un jefe de sección, casado y con hijos, que tenia cuarenta y dos años de edad.
De entre los cinco, el que mas interesó a la policía fue un encargado de treinta anos de edad, pues habían sido informados de que Junko había abortado el hijo que engendro de él. Su nombre era Shinichi Yazawa. Un hombre alto, de complexión atlética, aficionado a las armas y que en la actualidad poseía una escopeta de caza. Esta fue también una de las razones por las que la policía se intereso por él. Escopeta y arco occidental son distintos. También la ballesta es algo diferente, pero sin duda tienen algo en común: el apuntar y el disparar.
En principio se llamo a Yazawa como testigo y se averiguo su coartada. El día de los hechos se había quedado haciendo horas extra en la empresa hasta las ocho, junto con dos de sus subordinados. Contesto a las preguntas de Totsugawa diciendo que después había vuelto a casa solo.
"¿Así que tu casa esta en Shimotakaido, verdad?", preguntó Totsugawa a Yazawa.
"Así es. Vivo solo en la tercera planta de un edificio de apartamentos en Shimotakaido"
"¿Tienes coche?"
"Sí, tengo uno de segunda mano"
"Volver de la empresa a tu casa en coche, yendo directamente, te costaría unos treinta minutos, ¿no?", preguntó Totsugawa como si tal cosa. Más que practicando un interrogatorio parecía estar buscando conversación.
"Cogí la autopista, así que llegue en quince minutos"
"Entonces, a las ocho y veinte ya habrías llegado a casa, ¿no?"
"Sí, así es, pero yo no la he matado". La cara de Yazawa había enrojecido y su voz se había vuelto mas aguda.
Totsugawa sonrió: "Bueno, tranquilízate, no estamos afirmando que tu seas el criminal"
"Si estuviéramos afirmándolo, a estas alturas ya tendrías un par de esposas en las muñecas", dijo intimidatoriamente el detective Kamei, "Kame" para los amigos, desde un lado.
"¿Tras regresar a las ocho y veinte, que hiciste?", preguntó Totsugawa sin cambiar su tono amable.
"Estaba cansado por el trabajo extra, de modo que vi la tele, tome un baño y me fui a la cama". La voz de Yazawa parecía realmente fatigada.
"¿Dieron algo interesante aquella noche?"
"Cogí empezado el partido entre los Kyojin y los Hanshin. Como quedo a medio terminar, me puse de mal humor, tome un baño y me acosté"
"Antes has dicho que era porque estabas cansado..."
"Fue por ambas razones. Que mas da una que otra. En cualquier caso me quede trabajando, regrese a casa y me fui tal cual a la cama. Es así de sencillo. Aquella noche ya no volví a salir de casa"
"Fue entre las once y las doce cuando asesinaron a Junko Tanuma, de modo que tú, que habías vuelto a las ocho y veinte, podrías haber ido tranquilamente en coche hasta el lugar de los hechos en Yoyogi-Hachiman para esa hora"
"No sé si podría o no, el caso es que no fui. Para empezar, ¿por qué tendría yo que haberla matado?"
"Bueno, ella no tuvo a tu hijo, ¿no?"
"De eso hace ya un año y medio"
"Pero, ¿no crees que para la mujer eso no era tanto? o es que acaso cada vez que veía tu cara no salía a relucir el tema del niño sepultado en la oscuridad?"
"Que dice..., nada de eso"
"¿Quieres decir que no refunfuño contra ti ni siquiera una vez?"
"Bueno, alguna vez me dijo alguna ironía, pero a mi me entraban por un oído y me salían por el otro"
"Eso es ser audaz", dijo irónicamente el detective Kamei. "Si a mi me dijera ironías una mujer, perdería los papeles"
"Hoy tendrás que hacernos el favor de pasar la noche aquí. De todos modos mañana es domingo, así que no te importara, ¿verdad?", y cuando Totsugawa hubo dicho esto, empezó a llover torrencialmente. Parecía que él de hoy iba a ser un día algo más fresco.
El fresco no duró ni dos días. Las aproximadamente tres horas de torrencial lluvia hicieron de aire acondicionado y con ello la noche del sábado la temperatura descendió, excepcionalmente, hasta los veinticincogrados. Pero al día siguiente, el domingo, volvió de nuevo a hacer un calor tremendo desde por la mañana. El número de personas que salió a la playa de Shonan superó los treinta mil y todas las piscinas de la ciudad estuvieron abarrotadas de gente. La temperatura no descendió ni al caer la noche. Tampoco había indicios de que fuera a llover.
El parque central que esta situado en la entrada oeste de la estación de Shinjuku, aun bien entrada la noche, era un hervidero de parejas que habían salido en busca del fresco. Kenichi Yasuda y Fujiko Kondo eran una de ellas. Yasuda era un camarero de veinticuatro anos que trabajaba en un snack de Shinjuku y Fujiko era bailarina en un club tipo cabaret. Solo tenia 18 años de edad. Una chica de piernas bonitas.
"Vente a mi casa", susurro Yasuda al oído de Fujiko mientras jugueteaba con la punta del dedo por su pecho.
"Pero si ya es la una de la mañana", dijo Fujiko llevando su reloj de pulsera hacia una lámpara de mercurio.
"¿Y que más da? De todos modos, si vuelves a tu apartamento nadie te estará esperando en el, ¿no?"
"Ya, pero... ¿tienes aire acondicionado?"
"Me costo algo, pero lo puse"
"Bueno, vamos. Con este calor..., aunque volviera al apartamento no podría dormir"
"Venga, está decidido"
Ambos se pusieron en pie y se sacudieron la tierra de la ropa. Al aproximarse a la salida del parque Yasuda dijo: "espérame un momento",y entró corriendo a los aseos. Parecía haber estado aguantándose hasta entonces. Su apresurada forma de entrar corriendo resultaba graciosa y Fujiko se rió. Mientras esperaba a Yasuda, saco un cigarrillo del bolso y lo puso en su boca. Encendió el mechero con un chasquido y lo acerco al cigarrillo. Su cara se vio iluminada en medio de la oscuridad.
Fue en ese preciso instante. Una flecha dirigida a Fujiko voló rasgando la oscuridad. "¡Aggh!", Fujiko soltó un alarido y se desplomo en el sitio. En su pecho vibraba clavada una flecha de unos sesenta centímetros de longitud.
"¡Socorro!"
Con el rostro retorcido de dolor, Fujiko extendió sus manos hacia la oscuridad. Entonces apareció Yasuda de los aseos. Debía de ser tímido por naturaleza porque cuando vio la camiseta de Fujiko teñida del rojo vivo de la sangre, perdío los papeles y grito:
「助けてくれ!」と、悲鳴をあげた。
Otra pareja que pasaba por allí acertó a marcar, atolondradamente, el 1-1-0. Treinta minutos después vino una ambulancia y se llevo a Fujiko al hospital. Cinco minutos mas tarde moría desangrada.
A través de las cálidas calles nocturnas, el inspector Totsugawa y el detective Kamei se dirigieron presurosos al hospital de urgencias. Aunque ya eran más de las dos seguían estando a más de treinta grados.
"Que fastidio", suspiro Kamei mientras se enjugaba el sudor.
"¿Qué pasa?", preguntó Totsugawa con cara de no estar pasando nada.
"Con esto Yazawa ya no puede ser el delincuente, así que habra que empezar a investigar desde el principio"
"Todavía es pronto para afirmar eso, ¿no?"
"Pero si el patrón de comportamiento es exactamente el mismo: mujer joven asesinada en plena noche con una ballesta"
"Hablas como si en todo Japón no hubiera más que una ballesta" 「しかし―」 "Pero..."
"Bueno, mejor lo dejamos para después de haber indagado bien el caso de hoy", dijo prudente Totsugawa.
En el hospital estaba también, sentado en un banco del pasíllo y con la cara palida, Kenichi Yasuda, el que había estado con la victima.
"No entiendo que es lo que ha pasado", respondió con voz temblorosa Yasuda a la pregunta de otsugawa."Cuando salí del servicio ella estaba retorciéndose por el suelo bañada en sangre. Entonces llame a una ambulancia como pude. Bueno, realmente no fui yo el que la llamo, pero..."
"¿Ella no dijo algo antes de morir?"
"¿Como algo?"
"¿Acerca del que le había disparado"
"Ni una palabra de eso. Solo decía que la ayudáramos, que le dolía, que sufría..."
"¿Cuanto tiempo estuvisteis en aquel parque mas o menos?"
"Supongo que unas dos horas"
"¿Durante ese tiempo, no visteis a nadie sospechoso? Alguien que llevara una ballesta"
"No vimos nada de eso. Había dos o tres tipos que llevaban guitarras pero..."
"¿Has disparado alguna vez una ballesta?"
"La respuesta es NO. A mi no me van esos artefactos"
"¿No tendrás idea de alguien que la odiara tanto como para matarla, verdad?"
"¿Qué dice? ¡Pero si solo tenia dieciocho años!"
"Bueno, se puede ser odiado aunque sólo se tengan dieciocho años, ¿no crees?"
"Hombre pero... Bueno, aunque con solo dieciocho anos ya se tiñera el pelo o hiciera cosas así, era por su trabajo, no tenia más remedio. Realmente era muy infantil. ¿Quien iba a querer matar a una chica como ella?", opinó Yasuda poniéndose muy serio.
Después, Totsugawa fue a ver al medico que le había cerrado los ojos a la victima. Como medico joven que era, le hablo a las claras:
"Si le soy franco, cuando la trajeron aquí ya presentaba síntomas de cianosis. Conscientes de que ya era demasiado tarde, la intervenimos quirúrgicamente de todos modos"
"La causa de la muerte fue la gran perdida de sangre debida a la hemorragia, ¿verdad?"
"Así es"
"Anteriormente otra joven también fue asesinada del mismo modo: le atravesaron la garganta con una ballesta. Pero entonces casi no hubo sangre..."
"Seria porque aquello fue una muerte instantánea. Sin embargo, en esta ocasión, la chica, a base de sufrimiento, ha intentado sacarse la flecha, de ahí que haya brotado tanta sangre" 「なるほど」 "Claro"
"Esta es la flecha", dijo el medico mostrando a Totsugawa y a Kamei la flecha extraída de la victima. Tenía una punta de acero que brillaba afiladamente. Era exactamente igual a la que atravesó la garganta de la primera victima. Tenía una longitud de unos sesenta centímetros y la parte de las plumas estaba manchada de sangre, lo que daba una sensación de mayor crudeza.
"¿Con esto aun hará más calor, eh?"dijo Totsugawa a Kamei.
"¿Qué?"
"Los periodistas. No van a parar de escribir en plan sensacionalista", aclaró Totsugawa riendo.
Tal como había vaticinado Totsugawa, los diarios del día siguiente informaban del asunto en primera plana y con sensacionalismo. El contenido de los artículos, cualquiera que fuera el periódico, era muy similar. Ambos crímenes se suponían cometidos por el mismo delincuente: [¡APARECE UN ASESINO QUE USA UNA BALLESTA!] [¡EL ASESINO QUE SOLO ATACA A LAS JOVENES!]. La sarta de llamativos titulares provocó la amarga risa de Totsugawa. También el creía que se trataba de un único asesino pero, como policía, le estaba prohibido afirmarlo hasta no tener pruebas concluyentes de ello.
En el caso de Fujiko Kondo, al igual que había hecho en el primer asesinato, también comenzó por investigar el entorno de la chica, pues había pensado incluso en la posibilidad de que alguien que la odiara en particular y que sabia del anterior crimen de la ballesta, hubiera comprado una y la hubiera usado para asesinar a Fujiko aparentando así que se trataba de la misma serie de asesinatos.
Yasuda, el novio, dijo que en el fondo era una cándida, pero lo cierto es que aparecieron mas de diez nombres de hombres. Las coartadas de cada uno de ellos fueron cuidadosamente investigadas. También se averiguo si últimamente habían comprado alguna ballesta. Uno a uno, los nombres de los sospechosos fueron siendo borrados, hasta que al final, de un total inicial de doce, no quedo ninguno en la agenda de la policía. Todos tenían su coartada.
Entre esos doce, por supuesto, también estaba incluido Kenichi Yasuda, pues también se había pensado en la posibilidad de que éste, diciendo que iba al servicio, se hubiera alejado de la victima para después, con una ballesta que previamente hubiera escondido en el parque, dispararle a ella. Si Yasuda fuera el asesino, la ballesta que uso debería de estar tirada en algún lugar del parque. Por ello se movilizo a siete detectives que llevaron a cabo una minuciosa búsqueda en el parque central. Pero ni rastro de la ballesta. Tampoco se hallo a nadie que hubiera visto a Yasuda llevando una. No se encontró ni una pistola de agua.
"Realmente, tal y como dicen los periódicos, parece que estemos ante un asesino en serie, ¿eh?" dijo el detective Kamei mirando a Totsugawa con una cara que parecía decir que eso resultaba más interesante.
Totsugawa miró desde la ventana hacia arriba el cielo azul agitado como siempre por las nubes de verano. ¿Llovería un poco hoy?
"Si así fuera, por que crees que el asesino mato a las dos chicas?",dijo Totsugawa devolviendo pregunta por pregunta a Kamei, mientras miraba a los peatones que pasaban jadeantes bajo la ventana. En la habitación, afortunadamente, había aire acondicionado, pero en la calle, también hoy, debía de hacer un calor insoportable.
"Pues porque es un asesino, ¿no? Encuentra tan divertido matar chicas jóvenes que no puede evitarlo"
"Hablas como si se tratase de un demonio que rondara las calles por la noche llevando escondida una ballesta bajo su negra capa"
"No es para tanto, hombre..."
"Pero quedan aun varias dudas: ¿por que el asesino no usa como arma un cuchillo o una pistola, sino una ballesta? y por que no ha asesinado a otras chicas, sino concretamente a Junko Tanuma y Fujiko Kondo?"
"No se por que a ellas dos, pero si creo que hay varias razones para que use una ballesta: como es un articulo deportivo se puede conseguir fácilmente, y sin embargo tiene potencia y otras buenas cualidades. Supongo que será por eso, ¿no?"
"Bueno, en ese caso, creo que tal vez deberíamos averiguar cual es la potencia real de la ballesta que utiliza el asesino, ¿no crees?", dijo Totsugawa.
Que la ballesta era importada de Estados Unidos lo supieron al constatar que en las dos flechas figuraba la marca de una empresa de ese país. La empresa mas especializada en importación de ballestas en Tokio, que estaba en Nihonbashi, se llamaba "KOKUSAI BOW-GUN HANBAI K-K" ("VENTA INTERNACIONAL DE BALLESTAS, S.A."). Totsugawa decidió visitar con Kamei dicha compañia para probar las ballestas. Les sacaron la más potente. Una plancha de madera contrachapada de dos centímetros de grosor fue colocada a cinco metros de distancia. Dado que si la ballesta la disparaba un especialista se corría el riesgo de no captar bien su potencia real, el detective Kamei, profano en la materia, hizo de arquero. Apuntó con la mira y apretó el gatillo. La plancha de madera contrachapada, situada cinco metros mas adelante, salto por los aires partiéndose en dos al mismo tiempo que recibía el impacto. Después repitieron la misma operación pero a diez metros. Como era de esperar, a esta distancia la plancha de madera de dos centímetros no se partió, pero la punta de la flecha quedo clavada en ella. Demostrado: aquello era capaz de matar incluso a diez metros de distancia.
"¿Cuántas ballestas se han vendido en esta tienda mas o menos?",preguntó Totsugawa al vendedor.
"Bueno..., desde que esta tienda abrió hace cinco anos, creo que se habrán vendido por lo menos unas veintiocho mil. Hay quien las compra directamente aquí, y también, un veinte por ciento más o menos, quien las pide por correo"
"¡¿Veintiocho mil?!"
Resultaba prácticamente imposible averiguar el destino de cada una de ellas. Y aun mas el de las vendidas en la propia tienda cuando no se sabía el nombre de los clientes. Mejor renunciar a la localización del delincuente por medio de las ballestas.
Cuando los dos regresaron a la sede central de investigación, tal y como se esperaban, el teléfono del escritorio de Totsugawa sonó. Este cogió el auricular.
"Aquí la comisaria de Chofu", dijo una voz joven. "Hace diez minutos, en el cauce seco del río Keio, en Tamagawa, ha sido descubierto el cadáver de una joven que parece llevar muerta unos cinco días." 「それで?」 "¿Y bien...?"
"Lleva una flecha de ballesta clavada en el pecho"
Totsugawa y Kamei cogieron la línea de Keio y se dirigieron a Keio Tamagawa. El sol poniente irradiaba sin piedad el cauce casi seco del río y, al reflejarse en las piedras de color marrón blanquecino, hacia daño a la vista. Por todo el cauce crecían en abundancia matorrales de altura superior a la de una persona. Al lado de uno de ellos les estaban esperando dos detectives de la comisaría de Chofu. El cadáver de la joven estaba tendido boca arriba en el fondo del matorral. Dado que ya llevaba muerta unos cinco días, había empezado a descomponerse, habían aparecido gusanos y desprendía un olor horrible.
Se diría que tenia unos veintisiete o veintiocho anos. Estaba en pantalón corto y llevaba el mismo tipo de flecha clavada en el pecho.
"¿La habéis identificado?", preguntaron a los de la comisaría local sin dejar de mirar el cadáver.
"Tenía un apartamento aquí cerca. Su nombre es Kayoko Numakura. Veintiocho anos. Trabajaba en un prostíbulo de Shinjuku y vivia sola en su apartamento. A juzgar por su ropa, parece que podrían haberle disparado cuando vino a tomar el fresco de la noche al lecho del río, ¿no?"
"¿Una chica de alterne?"
No podía decirse que no diera esa imagen. Lo que brillaba en el meñique de su mano izquierda parecía un diamante auténtico. Sin saber por que, lo que resultaba desconcertante era que en esta ocasión se tratara de alguien metido en negocios turbios. El cadáver fue enviado al hospital universitario para la autopsia.
"¿Que calor, eh?", dijo Kamei con voz de aburrimiento.
"Por que habrá matado a las tres mujeres con este calor?"
"Puede ser que las haya matado irritado por el calor", dijo Totsugawa.
En días tan calurosos como aquellos, seguidos, el propio oficial de policía Totsugawa se sentía irritado. Perdía los estribos por cosas que, en condiciones normales, no los perdería. Lo que le ayudaba a reprimirse era su sentido común, pero seguramente habría quien no podría controlarse, ¿no?Era de suponer que también el que había matado ya a las tres chicas usando una ballesta sería un tío que no tenia tanta paciencia. ¿O es que tal vez mataba chicas jóvenes por alguna razón especial?
Los resultados de la autopsia fueron mas o menos los esperados. El informe decía que la hora estimada del fallecimiento habría sido entre las ocho y las diez de la tarde del siete de agosto. El siete de agosto era antes de que hubieran asesinado a las otras dos. Totsugawa apuntó por orden las fechas de los asesinatos de las tres chicas en la pizarra de la sede central de investigación. 8月7日沼倉加代子(28)
7 de agosto, Kayoko Numakura (28 años) 8 de agosto, Junko Tanuma (25 años) 10 de agosto, Fujiko Kondo (18 años)
Debajo de cada nombre sujeto, con alfileres, las fotos obtenidas de los rostros de las chicas.
"¿Qué os parece?", preguntó Totsugawa mirando a su alrededor las caras de sus detectives subordinados. "Creéis que estas tres chicas tienen algún punto en común? De tenerlo tal vez se podría determinar el asesino y el problema se resolvería sin necesidad de que apareciera la siguiente victima"
"¿Crees que el asesino va a por una cuarta?", preguntó el detective Kamei.
"En estos asesinatos pasa como con la droga. Puede ser que a la primera la matara con algún objetivo, pero conforme ha ido matando a la segunda y a la tercera, se ha vuelto para el un placer el hecho mismo de matar. Para disfrutar de esa sensación, perpetrara su próximo homicidio. Esa es también nuestra ventaja. ¿Qué opinais? No hay nadie que haya encontrado un punto en común a las tres chicas?"
"Las tres eran jóvenes y guapas", dijo con voz sorda Sato, el más joven de los detectives.
"Ciertamente, las tres eran jóvenes y guapas", dijo Totsugawa con su risa amarga."Pero habrá decenas de miles de chicas así en Tokio, ¿no? Suponiendo que el criminal haya matado a estas tres solo por ser jóvenes y guapas, la cuarta candidata puede ser una, no ya de entre decenas de miles, sino de entre centenas de miles, de modo que evitar su muerte resultara imposible, ¿no? "
"Yo también creo que entre ellas hay importantes puntos en común de los que no nos hemos dado cuenta. De no haberlos resultaría antinatural", dijo Kamei cruzando los brazos mientras pensaba.
"¿Por qué antinatural?"
"Pues porque creo que si al asesino le dieran igual unas que otras, con tal de que fueran jóvenes y guapas, las habría seleccionado y matado más fácilmente. En el primer asesinato, el criminal fue de propio hasta el cauce seco del río Keio en Tamagawa y espero a que la víctima saliera a tomar el fresco de la noche. También en el segundo asesinato hay indicios de que tendió una emboscada a su victima en el parque, ya que la chica, Junko Tanuma, lo atravesó a eso de las once de la noche. Si el criminal disparara a las chicas al azar, resultaría incomprensible que no le hubiera disparado antes a cualquier otra mientras esperaba en el parque, pues ese parque sirve de atajo a la gente de los alrededores y supongo que antes que Junko Tanuma debieron de pasar por allí muchas otras jóvenes. Lo mismo cabe decir respecto de la tercera victima. En el parque central de la entrada oeste de la estación de Shinjuku debía de haber un montón de parejas. Pues bien, aunque cualquiera de ellas hubiera estado prácticamente indefensa, el asesino apunto desde el principio a Fujiko Kondo y, al parecer, estuvo esperando a que su acompañante, Kenichi Yasuda, fuera a los aseos para matarla"
"¿Entonces, cual crees tu que es el punto en común?"
"He pensado unos cuantos"
"¿Si...?"
"En primer lugar, pensé si no sería la proximidad de sus domicilios. Pero Kayoko Numakura vivía en un bloque de viviendas en Keio-Tamagawa, Junko Tanuma en otro próximo a Yoyogi-Hachiman y Fujiko Kondo en una vivienda de apartamentos cercana a Mitaka, en la línea central del tren. Demasiado alejados, así que la primera hipótesis se desvaneció"
"¿Y en segundo lugar?", preguntó Totsugawa inclinándose hacia adelante en la silla y mirando a Kamei. Por supuesto, el también tenia su propia opinión, de modo que, mientras escuchaba la del detective Kamei, la iba comparando interiormente con la suya.
"En segundo lugar, pensé en el pasado de las tres. Como sus edades son muy distintas, veintiocho, veinticinco y dieciocho anos, pensé que no es que tuvieran algo en común actualmente, sino que tal vez lo tuvieron en el pasado. Algo como, por ejemplo, ser originarias del mismo sitio, haber ido a la misma escuela..."
"Lamentablemente no es ninguna de esas dos cosas: de las tres chicas, dos eran de Tokio, y la otra de Kagoshima. También sus escuelas primaria, secundaria y el instituto fueron distintos, y Junko Tanuma, la oficinista, hizo una diplomatura universitaria"
"Exacto. Entonces, en tercer lugar, me dije: ¿no será tal vez que su aspecto físico es parecido? En Estados Unidos hubo un asesino que mataba solo a jovencitas de pelo largo. La mas joven, Fujiko Kondo, llevaba el pelo largo, pero las otras dos lo llevaban corto. ¿Y que hay de la estatura? Junko Tanuma medía un metro sesenta y ocho, era alta para ser mujer, pero las otras dos medían uno cincuenta y cuatro y uno cincuenta y seis, y en mi opinión eran mas bien monas. Luego pensé en su busto. El verano es la estación del año en que las jóvenes se ponen ropa ligera y dejan al descubierto las líneas de su cuerpo. Por ello pensé también que el delincuente podría haberlas matado arrastrado por la pasión al ver sus grandes y fascinantes senos. Por cierto, la que tenia el busto mayor era Junko Tanuma, noventa y dos centímetros. Sus compañeros de trabajo dicen que cuando se ponía un suéter de verano o algo así, sin sujetador, se le adivinaban los senos balanceandose debajo, de modo que a veces se sintieron atraídos por ellos. También de Kayoko Numakura, la chica de alterne, se dice que tenia unos bonitos senos: ochenta y dos centímetros. Pero la mas joven, Fujiko Kondo, tenia un busto de setenta y tres centímetros, y ella misma decía de si que era plana. Hasta los grupos sanguíneos de las tres eran distintos. A decir verdad, me rendí. Pero tiene que haber algún punto en común entre estas tres chicas. ¿Que opinas inspector?"
"Siendo franco, yo también me estoy estrellando contra un muro ", dijo Totsugawa mirando a su alrededor la cara de sus subordinados." Pero hay una unica cosa que puede ser común a las tres: el barrio de Shinjuku. Kayoko Numakura trabajaba en una casa de citas en Shinjuku, y el lugar de trabajo de Fujiko Kondo, la de dieciocho anos, también era un club tipo cabaret de Shinjuku"
"Pero Junko Tanuma no tenia nada que ver con Shinjuku, ¿no?", refuto el detective Inoue.
"En efecto, así es, porque su lugar de trabajo era una empresa constructora en Shinbashi, ¿verdad? Sin embargo, ella siempre iba en metro desde Shinbashi hasta Shinjuku para coger allí la línea de tren de Oda-kyu y regresar en ella a su casa en Yoyogi-Hachiman. Se que es un lazo muy débil, pero estas tres chicas, aunque sea muy precariamente, estaban ligadas por el barrio de Shinjuku"
"¿Quieres decir que las tres se veían en alguna parte de Shinjuku?"
"Si así fuera tendríamos una brecha abierta, ¿eh? Sin embargo, no parece que tengan mucho en común una oficinista, una chica de alterne y una bailarina"
En lo que se fijo Totsugawa fue en el"Pink Panther", el cabaret-club situado detrás de Kabuki-Cho en el que trabajaba Fujiko Kondo, pues pensó que tal vez Kayoko Numakura, la chica de alterne, y Junko Tanuma, la oficinista, hubieran ido alguna vez a ese establecimiento como clientes.
Kamei y los otros detectives fueron volando al "Pink Panther" y enseñaron por ahí las fotos de Kayoko Numakura y Fujiko Kondo a clientes y empleados. Pero los resultados no fueron satisfactorios, pues no apareció ni un solo testigo que hubiera visto a ninguna de las dos por el establecimiento.
Aquella noche, el once de agosto, también hacia calor. Según el antiguo calendario ya habríamos pasado "risshu", es decir, comienzos de otoño, pero el calor no disminuía ni tan siquiera un poco.
Once de la noche. Del hotel "New Otani" sale, con el rostro algo enrojecido, Chie Kitabayashi. Ha tenido una aventura aprovechando la ausencia de su esposo en viaje de negocios. Esta noche hubiera querido quedarse a pasarla en la habitación de su amante, pero su marido va a regresar a casa pronto, a la mañana siguiente.
Tras despedirse con la mano de su amante, que la ha salido a acompañar hasta el vestíbulo, sube a un taxi en la puerta del hotel.
"Lléveme a Den-en Chofu", dijo Chie al taxista. Tras ello cerro los ojos y recordó las vigorosas caricias de aquel hombre tres años menor que ella. En sus pechos estaban las marcas de los besos de el. Esta noche, en cuanto volviera a casa, se bañaría y se daría un buen masaje a fin de que estuvieran borradas para cuando su esposo regresara. Se acordó de que, ya en otra ocasión anterior, en la que se había visto con su amante en un motel, le habían quedado las marcas de sus dientes y había tenido que sufrir para quitárselas. Cada vez que pensaba en ello, el pecho se le llenaba de una dulce sensación de bienestar. No se había dado cuenta pero, en algún momento, el taxi había llegado ya a Den-en Chofu.
En Den-en Chofu hay una bonita avenida arbolada de castaños. Los dos lados de la misma son zonas residenciales de lujo. Chie bajo del taxi en lo que era más o menos la mitad de la avenida. Tras arreglarse suavemente el pliegue de la falda de su vestido japonés, se dirigió hacia la puerta de su casa caminando adrede con paso triunfal.
Entonces, de improviso, se oyó a su espalda un fuerte chasquear de dedos que resonó fuertemente en la noche. Chie se volvió sobresaltada. Fue en ese instante cuando una brillante y afilada flecha dirigida a ella llego volando y rasgo el aire nocturno. Un violento dolor golpeo a Chie. La flecha, de sesenta centímetros de longitud, penetro sin piedad en su carne por encima del kimono. Abatida por el terrible dolor, Chie hincó las rodillas en tierra. 「助けて!」と、叫んだ。 "¡Socorro!", grito.
Pero el pecho le dolía y su voz no salió fuerte. Poco a poco fue perdiendo el conocimiento. Puso las dos manos en el suelo y se arrastro como un perro. La sangre goteo sobre el piso.
Ante sus ojos estaba la puerta de su casa. La gran placa en que se leía "Kitabayashi", se veía borrosa. Si lograba pulsar el timbre de aquella puerta aparecería la criada y si esta avisaba a una ambulancia se salvaría.
Faltaban cinco, seis metros. Pero sus piernas y su cuerpo estaban pesados como el plomo y le costaba trabajo respirar. Sus ojos fueron dejando de ver.
"Ayúdame...", grito al final Chie, llamando al hombre con el que acababa de encontrarse.
"Aunque era guapa..."
"Además, Chie Kitabayashi, la de esta noche, a diferencia de las otras tres, era casada", dijo Totsugawa frunciendo también las cejas, (cosa rara en él) y se quedo meditando absorto.
"Tenia treinta y ocho anos. El señor Kitabayashi, su esposo, es el dueño de la joyería que lleva su nombre", explico Kamei a Totsugawa mirando las notas de su agenda.
"Se dice que Kitabayashi posee una fortuna de miles de millones de yenes"
"¿Hijos?"
"No tenían"
"Así que, ¿que tenemos? ¿Una mujer rica y ociosa que sale a divertirse hasta altas horas de la noche y que es atacada con una ballesta cuando vuelve a su residencia?"
"Según el relato de la criada, el señor Kitabayashi salió hace tres días en viaje de negocios para Hakata e iba a regresar a casa mañana por la mañana"
"Más que mañana habría que decir ya hoy, ¿no?", dijo Totsugawa mirando hacia arriba el cielo del este que ya había empezado clarear. La aguja de su reloj de pulsera señalaba las cuatro y medía.
"Bien, entonces tal vez la víctima saliera a alguna parte a tener un escarceo aprovechando la ausencia de su esposo, y luego, cuando regreso a casa, fue atacada por el delincuente"
Los restos mortales de Chie Kitabayashi ya habían sido retirados para practicarle la autopsia. En la acera de hormigón había quedado dibujada su silueta con tiza blanca.
"Eso es bastante posible"
"Bueno, tu e Inoue investigadme las relaciones de la victima con los hombres. Luego, por si acaso, me gustaría que confirmarais la coartada del marido"
"¿Crees que el esposo es sospechoso?"
"Puede ser que el asesino de la ballesta haya sacrificado a su cuarta victima. Quizá eso sea lo mas probable. Pero como la televisión y los periódicos no paran de armar alboroto día tras otro con el asunto del asesino de la ballesta, también podría ser que Kitabayashi, molesto por las infidelidades de su esposa, la hubiera asesinado simulando que se trataba de otro crimen más de aquel", dijo seriamente Totsugawa.
Al mismo tiempo que terminaba de amanecer por completo, los detectives emprendían al unísono las investigaciones. Se confirmó que el esposo había estado bebiendo por la noche hasta tarde con dos clientes en el bar del hotel de Hakata. Pasaba a estar fuera de sospecha. Pero Totsugawa no estaba demasiado desanimado, pues el que hubiera mandado investigar al señor Kitabayashi había sido tan solo por si acaso.
Durante el día se localizo al taxista que había llevado a la victima, Chie Kitabayashi, desde el hotel "New Otani" hasta Den-en Chofu.Era un joven de unos veintisiete o veintiocho anos que hablaba por los codos.
"Seguro que acababa de verse con su amante. Créanme, mis ojos no me engañan", dijo orgulloso el taxista.
"¿Por que pensaste que se había visto con su amante?"
"Primero porque salió presurosa del hotel con la cara enrojecida. No vi al hombre, pero ella, tras subir al vehículo, se volvió para atrás y se despidió con la mano durante un instante. Y además porque dentro del coche, aunque llevaba los ojos cerrados, de repente se ponía a reír como si estuviera recordando algo"
"Tienes buen ojo de detective", dijo Totsugawa alabando al taxista.
En principio, no parecía haber duda de que la victima, aprovechando la ausencia de su marido en viaje de negocios, se había visto con un hombre en el hotel "New Otani". Las infidelidades conyugales cometidas por esposas no son nada especialmente raro en nuestros días. El problema es que se haya llegado a matar para castigar una de ellas.
Al atardecer ya se sabia el nombre del hombre con el que se había visto la victima: Yutaro Kuroki. Treinta y dos anos. Se trataba de un joven arquitecto que se había encargado de proyectar, a petición de los esposos Kitabayashi, la residencia que estos poseían en Izu. Cuando Totsugawa fue a verlo al hotel "New Otani", Kuroki, que ya se había enterado por las noticias del asesinato de Chie Kitabayashi, lo recibió con las mejillas pálidas.
"No es que pensemos que tu hayas matado a la señora Kitabayashi, eh",dijo en primer lugar Totsugawa para tranquilizar a su interlocutor.
"¿Entonces, por que me interrogan y todo esto?"
"Simplemente nos gustaría que colaboraras con nosotros. Durante tu relación con la señora Kitabayashi, no te hablaría ella de alguien que la acechara, de la existencia de algún extraño que la persiguiese, o algo parecido, ¿verdad?"
"Pues no, nunca me hablo de eso", dijo Kuroki fríamente.
Totsugawa insistió: "Piénsalo bien, por favor. Fue asesinada en la puerta de su casa. Se cree que el asesino esperó perseverantemente a que volviera a casa. Pensamos que, no es que ayer la estuviera acechando por casualidad, sino que el ya conocía bien sus movimientos. De ser así, seria también muy probable que ella hubiera notado algo".
"Nunca le oí decir nada. ¿No la habrá matado su esposo llevado por los celos? Porque dicen que es bastante celoso, ¿eh?"
"No. El esposo tiene una coartada"
"Entonces tal vez sea otro de los crímenes del famoso demonio de la ballesta, ¿no? Si es así, ha sido cuestión de mala suerte de que le tocara a ella"
Kuroki hablaba como si se tratara de un asunto ajeno. Parecía no haber amado en absoluto a la fallecida Chie Kitabayashi.
"Puede ser. Pero el delincuente la esperaba emboscado ante su casa de Den-en Chofu. Sólo puede pensarse que la estaba esperando ante su casa porque había algún tipo de relación entre ellos. ¿No te suenan estos tres nombres:? Kayoko Numakura, Junko Tanuma, Fujiko Kondo"
"Son las tres chicas que mato el demonio de la ballesta, ¿verdad? Yo no tendría por que conocerlas personalmente, ¿no?"
"Chie Kitabayashi no trabajaría hace tiempo en Shinjuku, ¿verdad? No importa si fue antes o después de casarse, en unos grandes almacenes, o llevando alguna tienda..."
"Nunca oí nada de eso", dijo de nuevo fríamente Kuroki.
Pero lo que decía era cierto. Chie Kitabayashi nacio en Nagoya. Segunda hija de una familia adinerada, tras graduarse en una escuela universitaria disfrutó de dos años de estancia en Francia para, tras volver a Japón, casarse con el joyero Kitabayashi. Nunca había trabajado en Shin-juku ni regentado establecimiento alguno en otro sitio. Tampoco se pudo descubrir ningún punto en común que la ligara a las otras tres chicas.
"Tiene que haber algo", dijo Totsugawa echando un vistazo a una copia de la foto de Chie Kitabayashi.
"Si no lo hubiera resultaría estraño. No importa lo insignificante que sea, así que si os dais cuenta de algo, cualquier cosa, decídmela", dijo a sus detectives subalternos.
Pero nadie contesto al momento. Era comprensible. La discusión se había agotado casi por completo.
"La clave podría no estar en las víctimas, sino en los días en que los crímenes han sido cometidos...", declaro el detective Inoue. "Siete, ocho y diez de agosto. Y el día once fue asesinada Chie Kitabayashi. Parecen días seguidos, solo el nueve de agosto esta en blanco. He pensado en por que el nueve de agosto fue el único en que no se produjo ningún asesinato. Si recordamos que día fue ese, veremos que al atardecer llovió fuertemente durante tres horas seguidas, con lo que la temperatura descendió bruscamente y, como cosa rara, esa noche refresco y fue más llevadera. Por contra, los otros cuatro días restantes tuvieron noches de esas que llamamos tropicales, en las que la temperatura, o pasaba de los treinta grados o, en cualquier caso, siempre superaba los veinticinco."
"Eso es interesante. Por lo menos nos da una idea, aunque sea leve, del perfil del asesino: cuando hace una noche de calor tropical es arrastrado por un intenso deseo de matar"
"Inspector", dijo con reservas Sato, el mas joven de los detectives, "Puede que sea una tontería pero..." 「どんなことだい?」 "¿De que se trata?"
"Junko Tanuma y Fujiko Kondo llevaban el pelo tenido de castaño"
"Ya lo sé. En efecto, ellas dos lo llevaban tenido de castaño, pero las otras dos, Kayoko Numakura y la ahora asesinada Chie Kitabayashi, no lo llevaban tenido"
"Si, así es, por eso dije que era una tontería..."
"No, un momento. Tal vez eso sea importante" dijo de repente en voz alta "Kame", el detective Kamei, metiéndose en medio de la conversación.
"¿A que te refieres?", preguntó Totsugawa.
"Dos llevaban el pelo tenido de castaño y las otras dos no. Pero resultaría menos raro que la que hubiera llevado el pelo tenido fuera Kayoko Numakura, la chica de alterne, ¿no?"
"O sea, quieres decir que las otras dos también se teñían el pelo de castaño de vez en cuando, pero en el momento en que fueron asesinadas, casualmente, no lo llevaban teñido, sino que lucían su pelo negro natural, ¿no?"
"Si así fuera, ese podría ser el punto en común que ligara a las cuatro victimas, ¿no crees?"
A decir verdad, aquello era agarrarse a un clavo ardiendo, pues lo cierto era que Kayoko Numakura y Chie Kitabayashi habían sido asesinadas llevando su pelo negro natural, sin teñir. Aun así, los detectives apostaron por esa nimia posibilidad y se dispersaron por la ciudad. Los detectives Kamei e Inoue dirigieron sus pasos a"Akebono", el club de alterne de Shinjuku en el que trabajaba Kayoko Numakura. Allí se entrevistaron con varias de las chicas y preguntaron si Kayoko Numakura no se tino alguna vez el pelo, pero todas movieron sus cabezas al unísono para negar.
"El nuestro es un establecimiento estilo japonés, así que, si alguna se tiñera el pelo de castaño, el jefe le reñiría" dijeron riendo las chicas en naga-juban* rosa a Kamei e Inoue.
*[Nota de Paco Barberán: 0 NAGA-JUBAN: Prenda interior femenina que se lleva bajo el kimono.]
Ciertamente, en un club de alterne en el que lo peculiar era que las chicas atendieran en naga-juban, hubiera resultado raro que se tiñeran el pelo de castaño.
Respecto a Chie Kitabayashi, tampoco los detectives Sato y Shibata, que fueron a ver a su esposo, lograron la respuesta esperada.
"Mi mujer no se tiño el pelo nunca. Era una tía que fue educada en buena familia. Ni siquiera debió ocurrírsele nunca algo así", afirmó Kitabayashi en voz alta.
También la criada dijo no haber visto nunca que la señora se tiñera el pelo.
Los detectives, desilusionados, se retiraron a la sede central de investigación. Ese indicio, que les había hecho creer que ya tenían la clave, se había cortado en seco. Si no lograban dar con el punto en común que ligaba a las cuatro mujeres asesinadas, iba a resultar difícil evitar que surgiera una quinta.
Al caer la noche, todas las comisarías de la ciudad pasaron a situación de máxima alerta. También se reforzó la vigilancia. Pero no podía protegerse a cada una de las decenas, o mas bien centenas, de miles de chicas que vivían en la ciudad. Además, como no se sabia si la siguiente iba a ser soltera o casada, no había ningún remedio que fuera realmente eficaz.
Sin embargo, afortunadamente, al anochecer de ese día hubo tormenta, con lo que la temperatura descendió. Bajo hasta los veintitrés grados y aquello dejo de ser ya una"noche tropical".
"Con esto parece que al menos esta noche podría acabar sin ninguna víctima", dijo Totsugawa a sus subordinados.
Tras la ventana, todavía relampagueaba de vez en cuando, y la lluvia caía de lado con fuerza. Pero en algún momento tendría que dejar de llover, y al día siguiente no tendría necesariamente por que haber otra tormenta. Si volviera a hacer "noche tropical", seguro que una quinta chica resultaría atacada. ふいに、電話が鳴った。 De repente, sonó el teléfono.
Totsugawa, sobresaltado, extendió su mano hacia el auricular. Lo que había hecho palidecer su rostro fue el pensar que tal vez el asesino hubiera cambiado de idea, asesinando a su quinta victima en medio de la tormenta. Además, Tokio es mas grande de lo que se cree. Podría haber incluso zonas de la ciudad en las que no hubiera llovido.
"Soy Kawanishi", dijo una voz de hombre joven.
"¿Kawanishi?"
"Kawanishi, el del hospital universitario. Coincidimos en la autopsia del cadáver de Kayoko Numakura..."
"¿Ah, el doctor Kawanishi?"dijo Totsugawa aliviado. Su rostro se relajo.
"Bien, y ¿en que puedo servirle? ¿Ha encontrado algo especial en los resultados de la autopsia?"
"No, no hay cambios en la autopsia. Estoy convencido de que también la hora estimada de fallecimiento es correcta" 「では、何を?」 "¿Entonces, de que se trata?"
"Es una tontería, pero me he acordado de una cosa. Como Ud. dijo que si notábamos algo, por muy insignificante que fuera, se lo hiciéramos saber..."
"Si. ¿Qué es lo que ha recordado?"
"Verá, para hacer la autopsia desnudamos el cadáver. Es normal, claro, pero entonces vi algo raro: llevaba el vello de ahí tenido de rubio"
"¿Teñido de rubio?"
"Así es. Daba una sensación muy extraña"
"¿De veras?"
"Pues si. ¿Le sirve de algo?"
"¡Por supuesto!", dijo Totsugawa con voz muy alta.
Cuando totsugawa colgó el auricular, sus ojos brillaban. Miró a su alrededor las caras de sus subordinados.
"Parece que se nos ha abierto una entrada: que llevara el vello de allí tenido de rubio significa que es probable que también llevara el cabello del mismo color"
"Pero, inspector...", dijo el detective Inoue ladeando la cabeza, "Kayoko Numakura no llevaba el pelo teñido de rubio. Recuerde que sí en el bar de alterne en el que trabajaba se hubiera tenido el pelo, la habrían despedido..."
"Ya lo se. Por eso no digo que lo llevara tenido en su lugar de trabajo en Shinjuku, ni tampoco, por supuesto, que entonces llevara rubio el de ahí abajo. Sin embargo, si que llevaba este ultimo tenido de rubio cuando la mataron. Que eso lo hacia por cuestión de trabajo es evidente, pues supongo que, por mucho que una mujer quiera teñirse el pelo, no llega al extremo de teñirse también ese. Kayoko Numakura era una mujer que precisaba desnudarse para trabajar, de ahí que se tiñera incluso ese vello. En cuanto al pelo de la cabeza, supongo que tal vez usaba peluca rubia. Tenia las facciones muy pronunciadas y una cara muy occidental, de modo que es posible que una peluca rubia le sentara bien"
"O sea, que ofrecía servicios particulares en su propia casa solo a clientes especiales, para lo cual usaba peluca rubia y se tenia también aquello de rubio. ¿No es eso?"
"Exacto"
"Pero entonces, que pasa con la cuarta, ¿Chie Kitabayashi?"
"Volveremos a investigar. Y esta vez probad no solo con el esposo, sino también con Kuroki, el amante", dijo Totsugawa.
Dos jóvenes detectives saltaron a la calle en medio de la lluvia de tormenta. La respuesta se obtuvo una hora mas tarde: El detective Sato, que había ido a visitar a Kuroki, llamo por teléfono:
"Es tal y como Ud. había supuesto: Kuroki dice que cuando él y Chie Kitabayashi salían a la calle, ella variaba de aspecto poniéndose una peluca castaña y gafas de sol. Que el día en que fue asesinada no lo hiciera se debía a que, como su esposo estaba fuera en viaje de negocios, no corría el peligro de ser descubierta"
Los puntos en común entre las cuatro victimas eran escasos. Pero en la sede central de investigación el ambiente era de alegría contenida, pues acababa de surgir una nueva duda. El detective Kamei, en representación del resto, se la lanzó a Totsugawa:
"El haber encontrado un punto en común creo que supone un avance. De haber una quinta victima, creo que será una mujer que, o llevara el pelo teñido, o bien usara peluca de un color distinto al suyo natural. Pero ¿por que habría el asesino de saber que Kayoko Numakura tenía una peluca rubia y que Chie Kitabayashi usaba otra de color castaño para disfrazarse?"
"¿Ninguno de vosotros puede responder a esta pregunta?", dijo Totsugawa mirando a sus subordinados.
Fue el detective Inoue el que dijo:"¿Y si el asesino fuera Kuroki, el amante de Chie Kitabayashi?Dado que era su amante, sabia que ella se ponía una peluca de color castaño. Además, si Kuroki fuera uno de los clientes especiales a domicilio de Kayoko Numakura, podría saber tanto que esta usaba peluca rubia, como que llevaba tenido de rubio el vello de allá"
"Ciertamente, pero... de ser así no se explicaría por que razón mató Kuroki a las otras dos, ¿no?"
"Bueno, suponiendo que el móvil fuera un odio enfermizo hacia las mujeres que se tiñen el pelo, también se explicaría que hubiera matado a las otras dos, ¿no?"
"Pero, de ser así, ¿no crees que habría empezado por la que tenia más a mano, Chie Kitabayashi?"
"Entonces, ¿tú cómo lo interpretas?"
"Bien, yo... creo que la clave para resolver el enigma de estos asesinatos en serie esta precisamente en la aparición de esta nueva duda.El asesino no ha matado a las cuatro chicas al azar: sabía que Kayoko Numakura y Chie Kitabayashi usaban a veces peluca, y respecto a las otras dos, no puede pensarse sino que iba a por ellas para matarlas.Puede decirse que el asesino tiene un odio insólito hacia las mujeres que se tiñen el pelo, pero tampoco es que vaya matando sin ton ni son por ahí a cualquier mujer que vaya tenida. Esta matando a las mujeres de su entorno que, o bien se tiñen el pelo, o bien usan peluca rubia o castaña. De tener que ser alguien que conociera a las cuatro, la hipótesis de que sea Kuroki se debilita bastante, ¿no? Para empezar, si él fuera el asesino no habría declarado que Chie Kitabayashi se ponía peluca rubia para salir con él, pues de habérselo callado nunca lo habríamos sabido"
"Pero, inspector, tanto la profesión como la edad y el entorno de vida de las cuatro eran muy distintos. ¿Existirá realmente alguien que las conociera tan bien a todas? Yo creo que el asesino es un hombre, pero para eso tendría que ser un don juan, ¿no?", preguntó el detective Kamei con semblante pensativo.
"Te estas equivocando", dijo Totsugawa sonriente."Yo también creo que el asesino es un hombre, pero no tiene por que ser un conquistador, pues no es necesario que lo supiera todo acerca de las cuatro. Bastaría con que supiera sólo como eran sus cabellos."
"De tener que ser una persona que solo conociera bien los cabellos de las cuatro chicas, en lo primero que se piensa es en un salón de belleza, ¿no? Si fuera solo una tienda de pelucas, las otras dos no encajarían, pero en un gran salón de peluquería, sin duda, se preparan también pelucas."
"Eso es, Kame", dijo Totsugawa sonriendo alegre e inconscientemente, "Es un salón de belleza en Shinjuku"
"¿Por qué crees que se trata de un salón de belleza en Shinjuku?"
"Anteriormente, en el momento en que apareció asesinada la tercera chica, Fujiko Kondo, ya dije si no sería tal vez el barrio de Shinjuku lo que ligaba a las tres víctimas, ¿lo recuerdas? En aquel momento no sabía concretamente que cosa de Shinjuku era lo que tenían en común, pero ahora lo sé: un salón de belleza. Las cuatro no se conocían entre si, pero frecuentaban el mismo salón de belleza"
"Pero si Chie Kitabayashi era un ama de casa que vivía en Den-en Chofu... ¿Iba a ir de propio a una peluquería de Shinjuku?"
"Kame, a Chie Kitabayashi le sobraban el tiempo y el dinero. Además, para ponerse guapa, una mujer es capaz de soportar cualquier sacrificio. Si tenia oído que en Shinjuku había un salón de belleza de mucha fama y renombre, seguro que iba a el desde Den-en Chofu o desde donde hiciera falta. Y si una mujer encuentra un salón de belleza en el que se encuentra a gusto, es bastante difícil que cambie, no ya solo de salón de belleza, sino también de peluquero, ¿no?
Con la búsqueda de la peluquería que frecuentaban las cuatro víctimas como consigna, los detectives fueron investigando, uno tras otro, todos los salones de belleza de Shinjuku y sus alrededores. Como resultado de esa investigación apareció el"Salón de belleza de An Sugiyama", del que se decía era frecuentado también por estrellas y famosos.
Ello se debía a que, en cuanto fueron mostradas en el las fotos de las cuatro víctimas, estas resultaron reconocidas. Tras recibir esa información por teléfono, Totsugawa se apresuro a ir al"Salón de belleza de An Sugiyama", que estaba situado en el interior de un gran edificio de Shinjuku. Ya había cesado la lluvia de tormenta. Eran ya cerca de las doce, por lo que todos los empleados se habían ido a casa y solo la dueña, la señora An Sugiyama, estaba esperando a Totsugawa. La señora Sugiyama, que había estudiado peluquería y estética en Francia durante ocho anos, rondaba los cuarenta, pero iba pintada y arreglada como si tuviera veintitantos.
"Perdón por haber venido a estas horas", dijo Totsugawa, y tras inclinar cortésmente la cabeza continuo: "Parece ser que las cuatro eran clientes de aquí, ¿verdad?"
"Si. Con lo buenas que eran... me parece increíble que les haya podido pasar algo así", y al mismo tiempo que decía esto, tal vez por haberse vuelto ya una costumbre en ella, An Sugiyama sonrió encantadora e inconscientemente a Totsugawa.
"También disponen aquí de pelucas, ¿no es así?"
"Así es. Hoy en día la peluca es un pequeño artículo que nos hace más agradable la vida. Especialmente a las mujeres. Decir que como somos japoneses solo nos queda bien el pelo negro me parece un gran prejuicio. Porque también hay mujeres japonesas a las que les va bien el rubio. Y en mi opinión también son muchos los caballeros japoneses a los que les sienta mejor un pelo rubio o pelirrojo. Incluso a Ud., señor inspector, como tiene Ud. las facciones pronunciadas, creo que le sentaría mejor un pelo castaño que el negro actual. Por unos doscientos cincuenta o doscientos sesenta mil yenes podemos fabricarle una peluca de color castaño perfecta"
"Cuando vuelva a casa lo consultare con el espejo y con la cartera", dijo riendo Totsugawa."Por cierto, ¿cuantos empleados trabajan aquí?"
"Cinco hombres y siete mujeres..."
"De entre los varones, ¿no hay ninguno que se haya venido comportando de un modo extraño últimamente?"
"¿Es que cree que ese horrible asesino es uno de mis empleados?"
"Lo lamento, pero eso es bastante probable. Esto..., por cierto, ¿cómo se llama concretamente a los empleados en este establecimiento?"
"Estilistas del cabello"
"Claro. Y..., supongo que los estilistas, mientras trabajan los cabellos del cliente, también hablaran de todo un poco con el, ¿verdad?"
"Si. A veces desempeñan su labor mientras el cliente les cuenta sus penas. Es una faceta más del servicio"
"¿Y conocen las direcciones de los clientes?"
"En el establecimiento disponemos de un listado de clientes, así que si lo miraran..."
"Volviendo a lo de antes, de los cinco estilistas varones, no hay ninguno que se comporte de modo raro últimamente"
"Los cinco son todos jóvenes y muy buenos chicos..."
"Comprendo lo que siente, pero estamos ante varios casos de asesinato. Nos gustaría que cooperara. Si cometiera Ud. la torpeza de ocultarme algo, la imagen de este establecimiento podría resultar dañada"
Estas palabras de Totsugawa parecieron afectar a An Sugiyama. Se llevó la mano a la barbilla, pensó un instante y dijo: "Tal vez Yamazaki..."
"¿Que clase de chico es?"
"Tiene veinticinco..., no, hace poco debió de cumplir los veintiséis años. Es competente, formal, buen chico..., pero últimamente se le ve algo raro..."
"¿En que sentido?"
"Pues se enfada de repente y, cuando se lo hago notar, se va bruscamente..."
"¿A que cree que se debe?"
"Puede que a un fracaso amoroso"
"¿Es que Yamazaki ha sufrido uno?"
"Era una chica de la casa, muy guapa, pura japonesa ella. Yamazaki y ella estaban prometidos..."
"¿Es que ella le traicionó?"
"Se llamaba Sachiko Takagaki. De repente cambio de maquillaje. Cambio también de color de lápiz de labios, se tino el cabello de pelirrojo... Ya se sabe, cuando una mujer cambia de pronto de maquillaje, si no se es precavido... En fin, la chica se caso con un filipino y acabo yéndose a Manila. Desde entonces parece que el carácter de Yamazaki ha cambiado. Le dije que se tomara unos días de vacaciones pero..."
"¿él hacia tiro con ballesta?"
"Nunca le he visto con una en el salón de belleza. Sin embargo..."
"¿Qué?"
"Ella practicaba el tiro con ballesta, de modo que es posible que Yamazaki también estuviera aprendiendo, porque el hacia caso de todo lo que ella decía"
"¿Cuál es la dirección de Yamazaki?"
"No merece la pena"
"¿Por qué?"
"Porque hoy ha faltado al trabajo sin previo aviso, así que he llamado por teléfono a su apartamento, se ha puesto el portero y me ha dicho que en algún momento, tal vez hace una semana, se había mudado a otro sitio. Yo tampoco se a donde"
¿Hace una semana? Entonces podría ser que hubiera comenzado los asesinatos en serie tras cambiar de domicilio, pensó para si Totsugawa.
"Supongo que cada uno tendrá su propia lista de clientes, ¿verdad?"
"¿Y la de Yamazaki?"
"Debería de estar en ese cajón de ahí..."An Sugiyama abrió el cajón que estaba más a la derecha del escritorio, sacó de él una bonita agenda y se la mostró a Totsugawa. La agenda llevaba impresa la marca del salón de belleza y en ella se leía: "Akira Yamazaki - Encargado". Contenía doce nombres de mujer. Entre ellos estaban también los de las cuatro que habían sido asesinadas. Así pues, quedaban ocho.
"Entre estas ocho restantes, ¿hay alguna que lleve el pelo tenido de castaño o que use a menudo peluca de color distinto al negro?"
"Déjeme ver...", dijo An Sugiyama cogiendo la lista. Le echo un rápido vistazo y dijo:"No, entre estas ocho clientes no hay ninguna que se tina el pelo. Ni tampoco ninguna que use peluca"
"¿De veras?"
"Yo no digo mentiras", dijo categóricamente An Sugiyama.
En ese caso, tal vez Yamazaki dejara ya de matar. O bien a partir de ahora le diera por atacar, al azar, a cualquier chica que llevase el pelo teñido. Si recurría a los asesinatos indiscriminados iba a resultar casi imposible evitarlos.
"Pero entre las otras clientes habrá algunas que lleven el pelo teñido de castaño, ¿verdad?"
"Sí, las hay. Y también las hay que usan peluca a menudo"
"¿Y Yamazaki también las conoce bien?"
"No, en esta casa los empleados tienen ordenado que cada uno se ocupe únicamente de los clientes que tiene a su cargo. Resultaría desagradable que hubiera disputas entre los empleados por los clientes y además no se podría ofrecer un servicio esmerado"
"Las empleadas eran siete, ¿verdad? ¿Alguna de ellas lleva el pelo teñido?"
"Tres lo llevan tenido a su gusto, pero no hay que preocuparse por ellas"
"¿Por que no hay que preocuparse?"
"Porque todas las chicas que trabajan en esta empresa viven en unos apartamentos tipo residencia. Es que todas son muy jóvenes... Además, desde que han empezado a darse esta serie de casos, se les ha dicho que no salgan por la noche y cuentan con la protección de un guarda de seguridad. Por eso he dicho que no había que preocuparse por ellas"
"Bueno, de todos modos, ¿me indica el lugar en que se encuentra esa residencia? Y los nombres de las tres chicas que llevan el pelo teñido también", dijo Totsugawa.
Por si acaso, dos detectives acudieron rápidamente al apartamento en que vivía Yamazaki pero, tal como había dicho An Sugiyama, este ya se había trasladado a otro sitio, y ni el portero ni el vecino de la habitación del al lado sabían a donde.
Sin embargo, ello no significa que volvieran con las manos vacías, pues el portero contesto al detective Inoue lo siguiente:
"Si, le he visto antes practicar con la ballesta en cuestión en la azotea, en dos o tres ocasiones"
Con ello, las probabilidades de que Akira Yamazaki fuera el criminal habían aumentado mucho.
Se distribuyeron copias de la fotografía del rostro de Akira Yamazaki entre todos los que estaban tomando parte en la investigación. También se indago su historial:
Akira Yamazaki. Veinticinco anos. Tras graduarse en un instituto del nordeste entro en una escuela especializada en diseño de peinados. Tras graduarse en ella se coloco en el "Salón de Belleza de An Sugiyama". Sus dos padres viven. Su hermano, cinco anos mayor que el, esta casado y regenta una tienda de maderas en Sendai. Estatura: un metro setenta y tres. Peso corporal: sesenta kilos. Carácter: introvertido.
Pero más que todo este historial, lo que Totsugawa quería saber era donde y que estaría pensando ahora Yamazaki. 夜が明けた。 Amaneció.
En la ciudad de Tokio tuvieron lugar tres casos de homicidio, pero ninguno de ellos resulto ser de joven muerta a consecuencia de un disparó de ballesta. Los asesinados fueron una persona mayor, un matrimonio de mediana edad y un niño de siete anos. ¿Se habría contentado Yamazaki con asesinar a las cuatro chicas y habría dejado ya de matar? O era porque anoche no había hecho calor tropical.
A las 10 de la mañana, el "Salón de Belleza de An Sugiyama" abrió sus puertas. Pero Akira Yamazaki no apareció.
Los detectives continuaron con su desesperada búsqueda, intentando dar con el hasta que el sol se puso. También fueron a visitar, uno por uno, a los amigos de Yamazaki.
Se pidió a la policía de la prefectura en que vivían los padres de Yamazaki que visitaran la casa de estos. Lo mismo ocurrió con la casa del hermano mayor en Sendai.
Pero Akira Yamazaki no estaba en ninguna parte. ¿Habría conseguido ya darse a la fuga? O tal vez estaría en alguna parte de Tokio, con su ballesta al lado, esperando a que cayera la noche para matar a la quinta. Totsugawa se inclinaba por esto último. Podría ser que Yamazaki, desde que su novia se había teñido y le había traicionado, viera a todas las chicas de pelo tenido como a demonios a los que había que odiar. De ser así, no pararía de matar hasta ser detenido. Matar a los de su entorno...
Parecía que esa noche no podía esperarse que lloviera. Tampoco había indicios de que la temperatura fuera a descender. Iba a ser una noche de calor tropical.
"Esta noche es la decisiva", persuadió Totsugawa a sus detectives subordinados. Porque si aquella noche no se lograba detener a Yamazaki y aparecía la quinta víctima, aunque al día siguiente se lograse atraparlo la policía habría sufrido una deshonra irreparable.
A las nueve de la noche el"Salón de Belleza de An Sugiyama" cerró sus puertas. Todavía no se había producido la quinta víctima. Las siete empleadas regresaron a su residencia, cerca de Shinjuku Gyoen. Kamei y los demás las escoltaron hasta allí. No sucedió nada especial.
A las diez de la noche Totsugawa se dirigió a la residencia, pues estaba seguro de que, de haber una próxima en ser atacada, seria una de ellas. Especialmente cualquiera de las tres que habitualmente llevaban el pelo tenido de castaño. Estas estaban las tres juntas en una gran habitación, a la puerta de la cual montaban guardia Kamei y los otros.
Totsugawa entró en la habitación y vio a las tres chicas. Su medía de edad seria de unos veintiuno o veintidós anos. Sus rostros reflejaban una sorprendente tranquilidad. Esa calma le resulto curiosa a Totsugawa, que les preguntó si no tenían miedo.
"No es que no tengamos nada de miedo, pero si Yamazaki fuera el asesino seguro que antes que a mí atacaría a otras personas", dijo una de ellas.
"¿Por ejemplo?"
"¿Por qué?"
"La jefa se opuso desde el principio a que Yamazaki y Sachiko se casaran, y apoyó muy activamente el matrimonio de ella con un comerciante filipino."
"¿Y por qué hacía eso la jefa?"
"No lo sé muy bien, pero hay rumores de que el comerciante filipino iba a apoyar la apertura en Manila de una sucursal de nuestro salón de belleza"
"Sin embargo, la jefa no lleva el pelo tenido de castaño como vosotras..."
"Pero tiene muchas pelucas"
"¿Y se las pone a veces...?"
"Sí. Parece que le gustan especialmente las pelirrojas porque dice que, como su piel es blanca, el pelo rojo y el rubio le van bien"
"¡Kame!", grito Totsugawa. Mientras gritaba, salió volando de la habitación y bajo las escaleras corriendo.
El detective Kamei fue enseguida tras él.
Al salir de la residencia subieron a un coche patrulla camuflado que estaba aparcado allí. Totsugawa tomó el mismo el volante y piso el acelerador.
"La próxima en ser atacada será la jefa, An Sugiyama", dijo a voz en grito Totsugawa en dirección a Kamei, que estaba sentado en el asiento de al lado del conductor.
"Pero si la jefa no dijo nada de eso..."
"Exceso de confianza: es la única que cree que Yamazaki no debe de odiarla"
"¿A donde vamos?"
"La casa de la jefa estaba en Kugayama, ¿no? Vamos a ver primero allí. A esta hora ya debe de haber vuelto a casa"
Totsugawa lanzó el coche patrulla en dirección oeste por Koshukaido.
"¿Llevas la pistola, no?" preguntó Totsugawa a Kamei para asegurarse mientras corría a través de Koshukaido en la noche.
"La llevo"
"Esta noche puede que nos toque usarla", dijo Totsugawa con voz risueña.
Llegaron a la residencia de la jefa en Kugayama. Pero An Sugiyama todavía no había llegado.
"¿Dijo la señora a que hora mas o menos iba a volver?", preguntó Totsugawa a la asistenta de mediana edad que cuidaba de la casa.
"Antes llamo por teléfono y dijo que llegaría a eso de las doce..." 「電話は、どこからでした?」 "¿Desde donde llamo?"
"No lo sé. Como la señora nunca lo dice...", respondió la criada negando con la cabeza.
Totsugawa miro su reloj de pulsera. Pronto serían las doce.
"En cualquier caso esperaremos su regreso fuera", dijo Totsugawa saliendo al portal e invitando con ello a Kamei a ir con él.
En ese momento, vieron como se detenía a la altura del portal el Fair-Lady blanco conducido por An Sugiyama. Sin embargo, los despiertos ojos de Totsugawa ya se habían fijado en el Carola negro que estaba aparcando delante, al otro lado de la calle. Hace un momento ese coche no estaba allí. Además, la puerta del conductor se había abierto ampliamente y una negra figura humana que parecía agachada observaba acechante el otro lado de la calle. Lo que llevaba en la mano era, evidentemente, una ballesta.
An Sugiyama bajo del Fair Lady. Paso entonces a ser una figura saliendo del coche por el lado del carril de vehículos: un blanco perfecto para una ballesta.
Totsugawa desenfundó su pistola y, a la vez que gritaba "¡Yamazaki! ¡Detente!", se lanzó hacia el portal disparando su pistola en dirección al Carola. Lo de menos era si le acertaba o no, lo que quería era hacer retroceder al criminal. Inmediatamente, Totsugawa se abalanzo sobre An Sugiyama, que se había quedado de pie embobada. Los cuerpos de ambos rodaron por la calzada. Al instante siguiente, una flecha de ballesta que corto agudamente el viento voló rasa sobre la cabeza del caído Totsugawa.
El asesino, atolondradamente, cogió una nueva ballesta. Había traído dos.
Totsugawa había perdido su pistola al abalanzarse sobre An Sugiyama. "¡Kame, dispara!", gritó.
El detective Kamei bajo las caderas, apunto y apretó el gatillo.
El cuerpo del asesino se vio caer rodando desde el coche. La ballesta salió despedida de su mano y la flecha disparada se perdió en vano en la oscuridad.
Totsugawa se puso en pie y se acerco al delincuente.
"¿Es Yamazaki?", preguntó Kamei jadeando desde detrás.
Totsugawa se inclino hacia adelante. Allí estaba la cara del joven Akira Yamazaki que había visto en las fotografías.
La bala parecía haberle dado en el estomago. De la zona del vientre, que se sujetaba con ambas manos, manaba con una fuerza rabiosa la sangre. Su cara, mas que lívida, estaba ya de un color terroso.
En el estomago es difícil que se salve, pensó Totsugawa al tiempo que gritaba: "¡Kame, una ambulancia!"
終
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