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Religión
| La vida religiosa en Japón tiene una larga historia caracterizada por la interacción entre las diferentes tradiciones religiosas. Muchas de las creencias y prácticas tradicionales japonesas arrancan de costumbres prehistóricas, y la mayor parte de éstas forman el núcleo central del sintoísmo, considerada la única religión nativa digna de reseñar. El budismo indio y las contribuciones confucianas y taoístas de China, así como el cristianismo occidental, fueron importaciones filosóficas que tuvieron lugar en momentos diferentes, y que han ejercido sobre el sinto, y éste sobre ellas, una mutua influencia. |
Características propias de la religión japonesa
| En las creencias religiosas japonesas no hay un solo y único dios que clama ser el dios verdadero, y tampoco hay un libro sagrado, sino muchos, en los que no se pone el énfasis en el pecado y la desobediencia a la ley dada, sino en los rituales de purificación; no hay un día semanal especialmente sagrado o dedicado a la veneración de la divinidad; y los códigos morales están más vinculados con la vida de familia y la filosofía, que a un corpus organizado de preceptos, y estos códigos no están asociados directamente con la divinidad, sino que más bien son considerados imperfecciones humanas que hay que superar. Ha de señalarse, además, que esta apertura y flexibilidad invita a contemplar el mundo de las creencias no desde un único punto de vista, y es esta pluralidad de enfoques la que hace pensar al japonés que no hay una sola creencia válida, que nadie tiene la verdad de forma exclusiva y, por tanto, cualquier persona puede sentirse inclinada a seguir al mismo tiempo más de una tradición religiosa. Las características más sobresalientes de la religión japonesa podrían resumirse en siete puntos: la ya mencionada interacción entre distintas tradiciones religiosas; la íntima relación existente entre el hombre y los dioses y la sacralidad de la naturaleza; la gran importancia de la familia y los antepasados; la purificación como principio básico de la vida religiosa; los festivales como uno de los pilares de las celebraciones religiosas; la vida diaria como eje religioso, muy directamente relacionado con cada aspecto de la vida económica y social; y por último, la directa relación existente entre religión y estado. |
Orígenes y desarrollo
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| Con la Restauración Meiji de 1868, el sinto se convirtió en la bandera de aquellos que defendían al emperador como el único con poder legítimo para regir al país, por su condición de descendiente de la divinidad. El gobierno prohibió entonces la fusión de prácticas religiosas budistas y sintoístas, y ordenó retirar las imágenes budistas que habían ido colocándose en los santuarios sintoístas con el paso de los siglos. Las doctrinas sinto fueron entonces enseñadas en las escuelas, cobrando un marcado tinte nacionalista. Aunque teóricamente existía libertad religiosa desde la promulgación de la constitución de 1889, en la práctica, el gobierno ejercía un fortísimo control que hacía realmente imposible la organización de grupos religiosos y la propagación de otro credo. Con la ocupación de los aliados (1945-1952) esta libertad teórica se convirtió en una realidad. El resultado fue la proliferación de centenares de nuevas religiones, especialmente budistas y cristianas. Hoy el estado japonés es aconfesional, y por ello en el artículo 20 de la constitución de la postguerra se contemplaba que a cualquier institución de carácter estatal le estaba vedado implicarse en la educación religiosa. En 1947 la Ley Fundamental de Educación prohibía explícitamente al estado y a los colegios públicos desarrollar una educación de carácter religioso. Hoy, un dos por ciento de las escuelas japonesas son privadas y están afiliadas a organizaciones religiosas. De ellas, dos tercios están en manos de religiosos cristianos. El panorama religioso del Japón actual es muy complejo. El sincretismo reinante y la generalización de una actitud pasiva frente a este tipo de creencias dificulta el intento de crear una imagen definida en torno al tema. Sin embargo, no hay duda de la identificación social del sinto como la religión nacional. |