Introducción a lo básico  de la cultura e idioma japonés...Epocas de la historia Japonesa...La familia, educación, i muchas cosas mas...Arquitectura, caligrafía, ceramicas y algunas cosas mas...Creo que saben que es una bibliografia ^_^Juan Carlos Avila <punisher_zip@yahoo.com> Juan Jose Ferres Serrano <gunkan@terra.es>

Religión

La vida religiosa en Japón tiene una larga historia caracterizada por la interacción entre las diferentes tradiciones religiosas. Muchas de las creencias y prácticas tradicionales japonesas arrancan de costumbres prehistóricas, y la mayor parte de éstas forman el núcleo central del sintoísmo, considerada la única religión nativa digna de reseñar. El budismo indio y las contribuciones confucianas y taoístas de China, así como el cristianismo occidental, fueron importaciones filosóficas que tuvieron lugar en momentos diferentes, y que han ejercido sobre el sinto, y éste sobre ellas, una mutua influencia.

Características propias de la religión japonesa

En las creencias religiosas japonesas no hay un solo y único dios que clama ser el dios verdadero, y tampoco hay un libro sagrado, sino muchos, en los que no se pone el énfasis en el pecado y la desobediencia a la ley dada, sino en los rituales de purificación; no hay un día semanal especialmente sagrado o dedicado a la veneración de la divinidad; y los códigos morales están más vinculados con la vida de familia y la filosofía, que a un corpus organizado de preceptos, y estos códigos no están asociados directamente con la divinidad, sino que más bien son considerados imperfecciones humanas que hay que superar. Ha de señalarse, además, que esta apertura y flexibilidad invita a contemplar el mundo de las creencias no desde un único punto de vista, y es esta pluralidad de enfoques la que hace pensar al japonés que no hay una sola creencia válida, que nadie tiene la verdad de forma exclusiva y, por tanto, cualquier persona puede sentirse inclinada a seguir al mismo tiempo más de una tradición religiosa. Las características más sobresalientes de la religión japonesa podrían resumirse en siete puntos: la ya mencionada interacción entre distintas tradiciones religiosas; la íntima relación existente entre el hombre y los dioses y la sacralidad de la naturaleza; la gran importancia de la familia y los antepasados; la purificación como principio básico de la vida religiosa; los festivales como uno de los pilares de las celebraciones religiosas; la vida diaria como eje religioso, muy directamente relacionado con cada aspecto de la vida económica y social; y por último, la directa relación existente entre religión y estado.

Orígenes y desarrollo

En los primeros momentos en el desarrollo de la cultura japonesa la vida y las creencias emanaban del cultivo del arroz. Los ritos religiosos se organizaban y desarrollaban en torno a los cambios estacionales. Se veneraba a los espíritus ancestrales, a los que se consideraba directamente responsables de la fertilidad de los campos. Cuando a partir del siglo VI la desarrollada cultura China penetró en Japón, ejerció una gran influencia, no sólo sobre las clases altas, sino también sobre la gente del pueblo. Entre los elementos culturales importados de China llegó el budismo y los japoneses lo aceptaron y lo integraron en su vida diaria y en sus creencias. Utilizaron rituales budistas para venerar a sus antepasados y emparentaron divinidades budistas con dioses sintoístas, bajo la teoría de que los kami, o dioses nativos del sinto. Son encarnaciones o manifestaciones (suijaku) de las divinidades budistas su prototipo original. Así, cuando en el siglo VII el budismo ganó mayor aceptación, las deidades sintoístas locales se convirtieron en protectoras del budismo y sus templos. Al mismo tiempo, también las ideas confucianas fueron recogidas y utilizadas, en esta ocasión para reforzar y justificar la lealtad al emperador. Alrededor del siglo VIII, los mitos y las tradiciones locales fueron unificadas en torno a la creación de Japón y la descendencia divina del emperador, Amaterasu, tal y como quedó reflejado en el Kojiki (712) y Nihon shoki (720), las dos crónicas históricas más antiguas de Japón. Esta iniciativa estuvo condicionada por la necesidad de hacer frente al organizado corpus de creencias budistas. A partir de este momento muchos altares sintoístas que tenían un origen familiar, por su carácter de culto ancestral, se desarrollaron convirtiéndose en importantes altares de referencia en la zona, expandiéndose incluso hasta ramificarse en otros territorios. Los templos budistas también se multiplicaron, creándose una gran red de monasterios, que solía cubrir de forma prioritaria los servicios funerarios de los japoneses. Entre el 800 y el 1400 se desarrollaron numerosas sectas budistas y escuelas sintoístas. En el período Edo (1600-1868) los templos budistas se vieron muy alienados por el poder del estado, y se obligó a que cada familia estuviera inscrita en un templo como medida inquisitorial sobre la población, para controlar a aquellos que se habían adherido al cristianismo. Para viajar, casarse, o cambiar de residencia, era necesario presentar el certificado del templo correspondiente en el que se estaba registrado. Este sistema de control religioso se denominó sistema terauke. Durante este mismo período histórico, el confucianismo se convirtió en la filosofía que soportaba el sistema político y social del estado.

Con la Restauración Meiji de 1868, el sinto se convirtió en la bandera de aquellos que defendían al emperador como el único con poder legítimo para regir al país, por su condición de descendiente de la divinidad. El gobierno prohibió entonces la fusión de prácticas religiosas budistas y sintoístas, y ordenó retirar las imágenes budistas que habían ido colocándose en los santuarios sintoístas con el paso de los siglos. Las doctrinas sinto fueron entonces enseñadas en las escuelas, cobrando un marcado tinte nacionalista. Aunque teóricamente existía libertad religiosa desde la promulgación de la constitución de 1889, en la práctica, el gobierno ejercía un fortísimo control que hacía realmente imposible la organización de grupos religiosos y la propagación de otro credo. Con la ocupación de los aliados (1945-1952) esta libertad teórica se convirtió en una realidad. El resultado fue la proliferación de centenares de nuevas religiones, especialmente budistas y cristianas. Hoy el estado japonés es aconfesional, y por ello en el artículo 20 de la constitución de la postguerra se contemplaba que a cualquier institución de carácter estatal le estaba vedado implicarse en la educación religiosa. En 1947 la Ley Fundamental de Educación prohibía explícitamente al estado y a los colegios públicos desarrollar una educación de carácter religioso. Hoy, un dos por ciento de las escuelas japonesas son privadas y están afiliadas a organizaciones religiosas. De ellas, dos tercios están en manos de religiosos cristianos. El panorama religioso del Japón actual es muy complejo. El sincretismo reinante y la generalización de una actitud pasiva frente a este tipo de creencias dificulta el intento de crear una imagen definida en torno al tema. Sin embargo, no hay duda de la identificación social del sinto como la religión nacional.

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Articulo creado y diseñado para Japón: idioma y cultura y Gunkan por Juan Carlos Avila / Made in Temuco, Chile / año 2001