Introducción a lo básico  de la cultura e idioma japonés...Epocas de la historia Japonesa...La familia, educación, i muchas cosas mas...Arquitectura, caligrafía, ceramicas y algunas cosas mas...Creo que saben que es una bibliografia ^_^Juan Carlos Avila <punisher_zip@yahoo.com> Juan Jose Ferres Serrano <gunkan@terra.es>

Sociedad

Japón es hoy una de las sociedades industriales más avanzadas en el mundo, altamente urbanizada y dependiente de la alta tecnología y las comunicaciones. Si bien en el pasado fue uno de los países más aislados, hoy está completamente integrado en las distintas redes internacionales. Sin embargo, al mismo tiempo rigen patrones tradicionales de comportamiento y la ética social sigue teniendo un profundo significado en el panorama contemporáneo.
Una de las características más destacadas siempre de la sociedad japonesa es la impasibilidad dominante ante la búsqueda de independencia social, que contrasta con la ansiedad que ésta provoca en la sociedad europea y estadounidense. En este mismo orden, la sociedad japonesa, aunque enfatiza en la solidaridad, ha de considerarse como una sociedad eminentemente vertical, ya que favorece todo tipo de estructuras jerárquicas, incluso en grupos reducidos: en la relación esposo-esposa hay una precedencia social del varón con respecto a la mujer; prioridad de la edad o generación, en cualquier consideración o trato (términos tan usuales como sensei o senpai hacen referencia a una veteranía o a un haber nacido antes), y en la continua atención al que es cabeza o superior de cualquier grupo humano, ya sea fijo o transitorio (empresas, comités, grupos turísticos, etc.). Esta espontánea y general aceptación de un orden establecido es como un instinto ancestral por el que cada individuo se siente en comunidad y ocupa en ella el lugar que le corresponde. Es la fuerza de sustentación de toda la arquitectura social japonesa.
Algunos sociólogos y antropólogos afirman que la peculiar localización geográfica de Japón y su situación económica como un país superpoblado con escasos recursos naturales, han creado un fuerte sentimiento de cooperación social enraizado en los largos siglos de actividad agrícola compartida, fundamental para su supervivencia. A este respecto conviene observar que "democracia" en Japón, más que una forma de gobierno, es un modo de relacionarse los individuos a través de la consulta continua ("país de las reuniones por excelencia"), de un máximo consenso y de una extremada armonía jerarquizada. En la ética social japonesa, hay varios conceptos fundamentales: el sentido del on (obligación contraída al recibir un favor) lleva consigo una conciencia del deber (gimu) y un sentimiento de rectitud y justicia (giri) que impulsa a la adecuada reciprocidad de favores y a respetar la propia dignidad personal. Virtud esencial y tradicionalmente considerada es la autenticidad (makoto) o entrega plena al propio deber, rectitud, desinterés y autodisciplina.

Una mirada desde el pasado hacia el presente

La familia en su sentido más amplio, ie, fue la forma básica de organización social entre granjeros y agricultores, guerreros y mercaderes. Cada individuo entendía su lugar en esta vida, primero como miembro de su inmediata familia, que era parte de un linaje que el hijo mayor debía siempre encabezar. La casa, o ie, era un grupo altamente interdependiente en el que todos sus miembros comparten los recursos, una identidad común, y la responsabilidad por la empresa en la que la casa se halla involucrada. Su organización interna estaba basada en la jerarquía y en una clara división del trabajo. La mayor edad y el género masculino eran dos principios básicos sobre los que se establecían los distintos rangos. La formal autocracia era equilibrada por una democracia informal a través de la decisión tomada por discusión y consenso.
La familia pertenecía a una aldea o pueblo, en la que el trabajo comunitario en las tareas agrícolas creaba fuertes lazos de solidaridad. La estructura interna de los núcleos rurales se caracterizaba como en la familia por una jerarquía, que en esta ocasión también se basaba en la edad, la riqueza, parentesco y tiempo de residencia. Sin embargo, la toma de decisiones involucraba a la mayoría, si no a todas las casas, siguiendo el proceso necesario que llevaba al consenso.
La moral confuciana se extendió por primera vez como ideología oficial durante el periodo Edo (1600-1868). Reforzaba la práctica de actuación comunmente generalizada en familias y aldeas y ayudó a modelar la evolución de las instituciones modernas. En el centro de esta moralidad se hallaba la noción de sociedad como un conjunto de papeles y posiciones ordenados, diferentes e interdependientes. Se estableció bajo esta moral confuciana un sistema de clases en el que los samurai ocupaban el rango más alto, seguidos de campesinos, artesanos y mercaderes, en el orden citado. Se consideraba que si cada clase llevaba adelante sus deberes, todo el sistema funcionaría y la prosperidad alcanzaría a todos. El individuo sería virtuoso si cumplía sus deberes y su comportamiento era el propio de la posición social que ocupaba. La familia era el mejor modelo, ya que en ella cada generación y cada sexo ocupaba el lugar que le correspondía. El valor de la familia, el paternalismo y la lealtad se convirtieron en rasgos dominantes de la sociedad en general, en la que el emperador era considerado el padre de toda la nación. Dentro de una empresa, la relación de empresario y empleado también puede considerarse en la misma perspectiva. Desde que Japón rompió su aislamiento selectivo en 1854, el país experimentó enormes cambios y su modernización fue acompañada por una alta tasa de crecimiento. En menos de cien años la nación sufrió dos grandes golpes, uno la Restauración Meiji de 1868 y otro, su participación en la Segunda Guerra Mundial.
Ambos alteraron en gran manera el sentir y el hacer tradicional de Japón. En la primera de estas sacudidas la mayoría de las instituciones del período Edo fueron sustituidas por otras según los modelos de las modernizadas naciones occidentales: industrias modernas, educación pública, compañías privadas, transportes públicos, bancos, impuestos nacionales, servicio militar obligatorio, junto con otras instituciones sociales y económicas, sustituyeron el orden feudal de inspiración confuciana y su sistema de cuatro clases sociales. Hay que destacar entre las nuevas instituciones surgidas a los llamados zaibatsu, compuestos por muchas empresas que pertenecen a una mayor. En la segunda sacudida, con la ocupación del país por los americanos, se llevaron a cabo amplias reformas en el ámbito militar, sobre la posesión de la tierra, la educación y el trabajo. Los zaibatsu fueron desarticulados, y sus compañías más ampliamente distribuidas. Se produjo una significante reducción de la distancia que separaba a ricos y pobres, así como se favoreció también la lucha por la consecución de la igualdad entre sexos. Los individuos, y no la casa, entendida como ie, se convirtieron en la unidad legal de la sociedad

Matrimonio y familia

En la familia, la relación entre los cónyuges muestra una fuerte tendencia a la separación de papeles. Por un lado el marido aporta la mayor parte o todo el sustento económico de la familia, y por otro, la mujer asume la exclusiva responsabilidad sobre la casa y sobre los hijos. De forma general, la estabilidad de la familia es muy alta, si consideramos comparativamente el número de divorcios que hay en Japón y en los países occidentales.
Debido a la pérdida de raíces con la tierra y el alto número de personas asalariadas en los núcleos urbanos, la posesión de la tierra ha dejado de tener la gran importancia que tuvo en el pasado. Hoy la contribución más significativa de los padres cuando piensan en el futuro de los hijos es proporcionarles la mejor educación posible. Por ello, ahorrar dinero para su educación y para la compra de una casa son las dos prioridades de la mayoría de los padres.

Educación

Japón disfruta de un elaborado sistema de educación y es una de las poblaciones con mayor nivel cultural. Los medios de comunicación de masas han experimentado un gran desarrollo y el número de lectores de periódicos es el más alto del mundo. En la escuela se fomenta entre los niños la cooperación, la disciplina de grupo y la mutua empatía. Algunas de las características del sistema japonés son: clases numerosas de unos cuarenta alumnos, textos estandarizados, explicaciones aproximativas a los temas, aprendizaje en el que se ha de memorizar gran cantidad de detalles, escaso trabajo individual por parte de los estudiantes, exámenes regularmente, y períodos lectivos ligeramente más largos que en los países occidentales. Críticas habituales contra el sistema son la escasa oportunidad de autoexpresión, y el mínimo tiempo que se le deja al niño libre de las cargas académicas. Es una práctica generalizada que, para conseguir cierta ventaja a la hora de los exámenes, los estudiantes de enseñanza media acudan tras las clases del colegio a academias especializadas denominadas juku o gram schools para tomar lecciones extra. Esto evidencia que, a pesar del sentimiento de solidaridad y el alto nivel de integración nacional, la japonesa es una sociedad altamente competitiva. El ideal de armonía social se basa en el equilibrio entre las inclinaciones competitivas individuales y las lealtades en la competencia en grupo, juego que dota a la sociedad de un gran dinamismo. En Japón la sociedad no se divide en función de las profundas creencias religiosas o étnicas, sino más bien en función de la educación y el prestigio de los lugares donde ésta se ha recibido. El empleo, la posición individual en una empresa, y los ingresos, vienen frecuentemente condicionados por la educación recibida.

Minorías

La mayor de las minorías es la conocida como burakumin, formada por alrededor de tres millones de japoneses. El término burakumin es un eufemismo con el que se designa a los descendientes de aquellos que eran considerados los parias de las aldeas . Su baja condición social no venía dada por su raza o cultura, la misma que la del resto de los japoneses, de los cuales no se diferencian físicamente, sino por los trabajos que realizaban, considerados en contacto con lo impuro: los relacionados con la muerte y con el despiece de animales y el curtido de sus pieles. Dado que su condición de impuros se pensaba que era contagiosa, se produjo una segregación por lo que estos burakumin formaron comunidades que se asentaron preferentemente en las riberas de los ríos. Fue durante el período Edo (1600-1868) cuando se estableció el sistema de clases de manera oficial y su discriminación fue legalmente reconocida. Sin embargo, desde 1871, año en el que el nuevo gobierno Meiji estipuló que debían ser tratados como gente normal, continuaron siendo relegados a trabajos considerados no limpios, al tiempo que perdieron el monopolio de la lucrativa industria del cuero. Hoy, entre los más claros ejemplos de discriminación laboral, están las llamadas listas buraku, confeccionadas por detectives con el propósito de identificar más fácilmente a las personas de este origen, que son excluidas de los procesos de selección de personal de las empresas.
Algo similar ocurre cuando se realizan los trámites correspondientes para formalizar un matrimonio y se investiga sobre los antecedentes familiares. Como respuesta, la Liga para la Liberación de los Buraku trabaja por mejorar el status social y económico de esta minoría y por la erradicación de los prejuicios existentes contra ellos entre el resto de la población.
Los coreanos constituyen también otra de las minorías en Japón, alrededor de 690.000 en 1990. Éstos carecen de la nacionalidad japonesa y de muchos de los derechos civiles que ella lleva asociados. La presencia de tan elevado número de coreanos en el país es consecuencia de la política colonialista de Japón durante la Segunda Guerra Mundial, ya que muchos coreanos fueron llevados al archipiélago para trabajar en las minas de carbón y de oro y para suplir con su trabajo el de los japoneses que se hallaban movilizados. Al finalizar la guerra, alrededor de dos millones de coreanos estaban en suelo japonés, pero muchos fueron repatriados tras la rendición. Hoy la mayoría de los coreanos que engrosan la cifra arriba mencionada han nacido en Japón y pertenecen a la segunda o tercera generación de coreanos, muchos de los cuales nunca han ido a Corea y no han aprendido el idioma de sus antepasados. Sin embargo, el nacimiento en Japón no asegura la nacionalidad japonesa a menos que uno de los padres sea japonés. Durante el período colonial los coreanos habían disfrutado de la nacionalidad japonesa, pero en 1952 el gobierno se la retiró y los declaró extranjeros.
Desde 1982 el gobierno japonés ha ido poco a poco extendiendo la concesión de la nacionalidad japonesa, primero a los residentes en Japón antes del final de la Segunda Guerra Mundial, para después extenderlo en 1991 a la tercera generación.
Los ainu y los chinos constituyen otras de las minorías étnicas, aunque reducidas en número. Ambas sufren discriminación, especialmente a la hora de contraer matrimonio y acceder a un puesto de trabajo. Los ainu son la población indígena de Hokkaidô. En su lengua, la palabra ainu significa 'ser humano u hombre varón'. Se piensa que son descendientes de aquella gente a la que se identifica como emishi o ezo en los documentos japoneses antiguos. La mayoría de la población ainu vive en Hokkaidô, salvo un pequeño grupo asentado al sur de las islas Sakhalin, en territorio ruso. A comienzos del siglo XIX su población alcanzaba la cifra de 23.797, y en 1986 eran un total de 24.381 los que se identificaron a sí mismos como ainu. El número de matrimonios mixtos se ha multiplicado con el transcurrir del siglo: fueron los nacimientos de mestizos de un 30 por ciento en 1902 y prácticamente del 100 por cien en 1957.

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Articulo creado y diseñado para Japón: idioma y cultura y Gunkan por Juan Carlos Avila / Made in Temuco, Chile / año 2001